El pueblo chino atrapado en el tiempo

Por: Allie Ann

En las altas montañas del noroeste de China se encuentra el pueblo de Hemu, un lugar en el que el tiempo se detuvo hace cientos de años.

Situado en la costa occidental del lago Kanas, en las montañas de Altái —en la provincia de Sinkiang, entre China, Kazajistán, Rusia y Mongolia— Hemu creció, literalmente, en una pecera.

Aquí, los miembros de la tribu tuvana, que se cree que descienden del ejército de Gengis Kan, siguen viviendo como lo han hecho durante generaciones, practicando el chamanismo como lo hicieron sus ancestros.

Un estrecho camino serpentea desde el lago hasta las altas montañas donde, a media hora desde Hemu, se alzan varios monolitos de piedra, que son vestigios de las ceremonias religiosas que Kan celebraba antes de dirigir sus tropas hacia la conquista de Europa del Este en el siglo XIII.

Los monolitos superan la altura de la mayoría de las personas, algunos tienen cara y brazos, y parecen piezas de ajedrez gigantes extendidas a lo largo de colinas verde esmeralda.

Se dice que por la noche, sobre todo bajo la luna llena, se puede escuchar a las piedras llamar a su ejercito perdido.

El misticismo de las montañas y los siglos de leyenda han creado un enigma que la curiosidad de nuestros tiempos está reabriendo lentamente.

En 2008, el gobierno chino anunció la creación de un parque nacional que incluía la ya establecida Reserva Natural del Lago Kanas y la ladea de Hemu.

El parque, de 10.000 metros cuadrados, es el más grande del oeste de China y abarca terrenos muy diversos, desde pastizales hasta glaciares.

Los tuvanos se toman muy en serio su papel como administradores de la región; durante cientos de años, han vivido de sus tierras.

Durante siglos, el mundo moderno permaneció indiferente hacia esta tierra mística. Las yurtas (cabañas) de fieltro de mongoles nómadas nacen de la tierra como champiñones y los pastores a camello saludan al autobús turístico.

Los turistas, con sus gafas de sol, charlan con monjes en batas azafrán y caminan por los senderos que les llevan por altares de piedra decorados con banderas de oración.

Al anochecer, observan cómo los cazadores con águilas entrenan a sus aves en el lago Kanas, donde adivinos y videntes relatan historias sobre el monstruo gigante que vive en el agua.

Un tosco mural pintado muestra un cruce entre una ballena y un dragón, y todos en Hemu aseguran haber visto a la criatura, pese a que no existen fotos de ella.

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