METEO

Las cimas de las montañas siempre han sido atractivas para instalar diferentes tipos de equipos científicos de observación, obviamente astronómica, pero también meteorológica y/o climatológica.

Pero en esta ocasión trataremos sobre uno especialmente importante para el planeta completo, el Observatorio de Mauna Loa en la Isla Grande del archipiélago de Hawaii. De por sí el archipiélago mismo es ya muy especial ya que la cadena de islas se ha ido formando al moverse la corteza terrestre (aproximadamente hacia el WNW) sobre un punto de emisión continua de magma hacia la superficie.

De esta forma las islas que se formaron primero se encuentran ya a centenas de kilómetros de este punto emisor de magma (por ejemplo Kauai a 500 km), pero la Isla Grande de Hawaii, la más joven, se encuentra todavía sobre él.

En ésta Isla Grande destacan dos altas cimas con los nombre Mauna Loa (4169 msnm) y Mauna Kea (4207 msnm), ambas con instalaciones científicas. Muchos turistas se ven sorprendidos por el rápido descenso de temperatura cuando ascienden a una de estas cimas desde el nivel del mar y hasta por la ocasional presencia de nieve en las cimas.

Esta gran altura y su ubicación aislada sobre el Pacífico Norte en una isla, muy alejada de zonas densamente industrializadas en los continentes hacen de Mauna Loa un punto de especial interés. Pero lo especial no termina ahí, pues este cono volcánico no nace desde el nivel del mar sino desde el fondo marino del Pacífico (a unos 5000 metros de profundidad); considerando esto, se trata de la montaña más grande del mundo con un desnivel mayor inclusive que la del Everest (medido desde el altiplano del que sobresale).

Ya desde 1840, el Lugarteniente Wilkes de la Marina de los EUA identificó en Maunla Loa la variación de los vientos Alisios con la distancia vertical sobre el nivel del mar, casi hasta oponerse 180o en altura. Obviamente, para poder instalar un Observatorio en la cima era antes necesario construir un camino que llevará hasta la misma. Éste se construyó (1949-1951) desde la Prisión de Kulani hasta la cima con maquinaria prestada y con mano de obra de los presos de la misma.

En 1955, el Dr. Simpson del National Weather Bureau (sí, el mismo que propuso en forma compartida la escala Saffir-Simpson sobre la intensidad de los huracanes) empezó a realizar mediciones de radiación solar, debido al ambiente despejado y libre de polvo que reinaba en la cima de Mauna Loa.

En 1957 inician las mediciones de columna total de ozono como parte de los trabajos del Año Geofísico Internacional. Y, dado que el cono volcánico penetraba la atmósfera hasta una altura para que se considerara que el Bióxido de carbono (CO2) natural y generado en diversas partes del mundo ya estaría completamente mezclado, para 1958, el ahora famoso Charles D. Keeling inició mediciones continuas del contenido de este gas (de efecto invernadero).

Lo primero que descubrió es que existía una moderada oscilación a lo largo del año, que era una especie de ciclo de respiración del planeta Tierra, debido a la variación de cobertura vegetal a lo largo del año en el hemisferio Norte. Pero rápidamente identificó que esta oscilación se mantenía casi invariante de año a año con una excepción, que el máximo anual presentaba una tendencia ascendente monotónica (siempre en el mismo sentido, hacia mayores concentraciones).

Esta serie de tiempo se mantiene hasta la actualidad y su comportamiento ha seguido ascendente. La misma motivó que posteriormente se midieran concentraciones de otros gases (que ahora conocemos como de efecto invernadero) y se descubriera esta tendencia ascendente en todos ellos.

Estas cambiantes concentraciones no podían provenir de fuentes cercanas, por la ubicación de la isla a la mitad del Pacífico. Esto motivó que se establecieran mediciones similares en otros observatorios remotos del planeta y se verificará que el comportamiento era uno global. Y todas ellas juntas forman parte de la evidencia de que la actividad humana sí ha afectado la composición de la atmósfera mundial de manera significativa y a la búsqueda de sus posibles efectos en el clima.

A partir de 1987 se iniciaron en Mauna Loa las mediciones de los clorofluorocarbonos en la atmósfera, los que producían el llamado Agujero de Ozono sobre los polos, y que disparó la exitosa cooperación mundial para estabilizarlos y posteriormente reducirlos, misma que ahora muestra ya evidencia de estar reduciendo el problema.

Por cierto Mauna Loa se encuentra a la latitud de +19.5o, muy similar a las de otras muy altas montañas en México, lo que abre interesantes posibilidades. Pero esa, esa será una historia para otro día.

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