El felino más grande de América Latina, el jaguar (Panthera onca), enfrenta una situación crítica. Su población, que habita aún en 18 países de la región, está desapareciendo principalmente por la reducción de su hábitat, la caza ilegal destinada al comercio de sus colmillos y pieles, y el conflicto con las personas establecidas en lugares cercanos a sus territorios. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), esta especie ya ha desaparecido en El Salvador y Uruguay,  y corre peligro en las otras naciones de la región.

Ante este panorama, catorce países acaban de presentar una propuesta conjunta para salvar al felino Latinoamericano. Se trata del “Plan Jaguar 2030: plan regional para la Conservación del felino más grande del continente y sus ecosistemas”, que se ha convertido en la hoja de ruta para asegurar la supervivencia de esta especie.

Se calcula que el 85% de la población de jaguares vive en la Amazonía. En esta foto, un jaguar en el Pantanal, en Brasil. Foto: Richard Barrett / WWF-UK
Se calcula que el 85 % de la población de jaguares vive en la Amazonía. En esta foto, un jaguar en el Pantanal, en Brasil. Foto: Richard Barrett / WWF-UK

Este plan atacará el problema priorizando cuatro acciones: la conectividad, las acciones que cada país debe tomar para proteger a esta especie y sus ecosistemas, la conservación de los corredores donde habitan los felinos, y la identificación y establecimiento de 30 paisajes prioritarios de conservación con miras al año 2030.

La iniciativa  —que reúne a representantes de los gobiernos, al sector privado, a la sociedad civil y a socios internacionales— se concretó en marzo de este año, durante el foro de alto nivel realizado en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, Estados Unidos, pero su presentación ha sido el último 20 de noviembre en Egipto, durante la décimo cuarta Conferencia de las Partes (COP-14) del Convenio sobre Diversidad Biológica. En esa cita también se estableció el Día Internacional del Jaguarque en adelante se celebrará cada 29 de noviembre.

El Plan Jaguar 2030 busca frenar las amenazas para esta especies. Foto: Staffan Widstrand / WWF.
El Plan Jaguar 2030 busca frenar las amenazas para esta especies. Foto: Staffan Widstrand / WWF.

Una investigación presentada en marzo de este año, estima que la población mundial de jaguar bordea los 173 000 ejemplares, población que está considerada como casi amenazada según la IUCN.

Un camino para salvar al jaguar

María José Villanueva, directora de conservación de World Wildlife Fund (WWF) México, señala que las cuatro líneas de trabajo del plan buscan enfocarse en las principales amenazas del felino. La pérdida del hábitat es una de ellas, debido a la gran fragmentación que han sufrido sus territorios en toda Latinoamérica. Villanueva comenta que actualmente el 85 % de los jaguares que habitan en América Latina se encuentran en la Amazonía. En el resto, la reducción de su hábitat a la mitad está ocasionando serios problemas en su conectividad.

Por eso es urgente trabajar en la identificación de los 30 paisajes prioritarios de conservación. Si bien aún no están definidos, explica la especialista, sí han avanzado los países en determinar qué áreas de protección existen para la especie en sus territorios. La buena noticia es que algunas de estas áreas incluso  ya están conectadas entre sí y con diversos métodos e instrumentos utilizados para conservar al jaguar y su hábitat.

Los colmillos de jaguar se comercializan en el mercado asiático de manera ilegal. Existe la creencia de que tiene propiedades curativas y es un símbolo de fuerza y poder. Foto: Ecobol.
Los colmillos de jaguar se comercializan en el mercado asiático de manera ilegal. Existe la creencia de que tiene propiedades curativas y es un símbolo de fuerza y poder. Foto: Ecobol.

Otra amenaza que se debe enfrentar es la coexistencia entre el jaguar y los sistemas productivos, sobre todo, el fuerte impacto del sector ganadero y agrícola. “Las personas matan a estos animales por miedo de que se coman sus vacas. Necesitamos sensibilizar a la población”, dice Villanueva.

Pero también está presente la gran amenaza del  comercio ilegal de sus partes como ocurre en Bolivia, Guyana, Belice y Surinam, entre otros países. Un reciente informe de Mongabay Latam expuso cómo actúan las mafias en  Surinam. “El mercado global de tráfico de especies es muy grande y al parecer, los jaguares se venden en los países asiáticos como si fueran tigres. Se tiene que controlar, porque el problema está escalando”.

Mongabay Latam ha publicado una serie de reportajes sobre el comercio ilegal de colmillos y otras partes del jaguar como sus garras, su piel y sus testículos, con destino al mercado asiático, principalmente a China. Los colmillos son símbolo de estatus, fuerza y poder; mientras que otras  partes del animal se utilizan en la medicina tradicional por sus supuestas propiedades curativas.

Surinam es uno de los países de América Latina donde se está extendiendo el tráfico de jaguares. Foto: World Animal Protection.
Surinam es uno de los países de América Latina donde se está extendiendo el tráfico de jaguares. Foto: World Animal Protection.

John Polisar, coordinador del Programa Jaguar de la Wildlife Conservation Society (WCS), señala que juzgar a los traficantes es un instrumento clave para impedir cualquier crecimiento de esta actividad ilícita que se lucra con la fauna silvestre. “El reciente proceso judicial en Santa Cruz, Bolivia, contra traficantes a quienes se les encontró 192 colmillos de jaguar y otras partes ha sido muy importante. Necesitamos que suceda lo mismo en todos los lugares donde puede ocurrir el comercio ilegal”.

Polisar comenta que esta lucha forma parte de la hoja de ruta del Plan Jaguar 2030 y menciona que WCS está apoyando a varios países para abordar el problema tanto desde la oferta como de la demanda de la cadena comercial. “En este momento, tenemos el conocimiento y las herramientas para lograr la conservación del jaguar y abordar el desafío a escala continental”.

Este mapa muestra las áreas y corredores donde habita el jaguar en Latinoamérica. Fuente: ONG Panthera.
Este mapa muestra las áreas y corredores donde habita el jaguar en Latinoamérica. Fuente: ONG Panthera.

Los países que suscribieron el acuerdo son Argentina, Belice, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guyana, Nicaragua, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Surinam y Perú. Bolivia y Honduras estuvieron presentes en la COP 14 pero no han sucrito oficialmente el Plan Jaguar 2030.

Cuestión de conectividad

Uno de los aspectos que los expertos destacan de este plan es la conectividad que debe existir tanto para los territorios en los que habitan los jaguares, como para las estrategias de sostenibilidad de estos ecosistemas.

En el plan se explica que las principales poblaciones de jaguares, denominadas núcleos, están conectadas a través de una serie de corredores biológicos y genéticos que forman en conjunto una sola unidad ecológica a la que se llama Corredor del Jaguar.

Según el plan, la coordinación debe ocurrir en dos niveles distintos, pero complementarios: a nivel regional y a nivel transfronterizo, este último referido a un conjunto más pequeño de países.

La conectividad entre los lugares donde habita el jaguar es clave para la supervivencia de la especie. Foto: naturepl.com / Christophe Courteau / WWF
La conectividad entre los lugares donde habita el jaguar es clave para la supervivencia de la especie. Foto: naturepl.com / Christophe Courteau / WWF

Howard Quigley, director ejecutivo de conservación científica de Panthera, señala que la conectividad entre los países es crucial para el funcionamiento del plan y que su avance dependerá de la cooperación entre ellos. Agrega que desde esta organización ya se trabaja en el Corredor del Jaguar sobre un área de seis millones de kilómetros cuadrados en toda la región, que involucra a once de los 18 países en los que se encuentra este animal.

“El jaguar ha sido el símbolo de poder en las culturas de Latinoamérica”, dice Quigley, por tanto, es primordial lograr la conexión entre sus hábitats, pero también “conseguir que se establezca un corredor cultural”.

Un ejemplo de la conectividad transfronteriza se presenta entre Perú, Ecuador y Colombia, países que han formado un corredor de protección para este felino en áreas naturales protegidas ubicadas en sus respectivas fronteras.

El jaguar habita en 18 países de Latinoamérica. Catorce de ellos han firmado el acuerdo para su protección. Foto: Richard Barrett / WWF-UK
El jaguar habita en 18 países de Latinoamérica. Catorce de ellos han firmado el acuerdo para su protección. Foto: Richard Barrett / WWF-UK

José Luis Mena, director científico de WWF Perú, comenta que este corredor no es solo para la protección del jaguar sino también para lograr la conectividad de las áreas, asegurar la provisión de servicios ecosistémicos y conservar la biodiversidad única que hay en la zona. “Hemos hecho un trabajo con cámaras trampa para identificar jaguares a nivel individual. Es un proceso largo, pero ya estamos consiguiendo resultados importantes sobre la población que habita este corredor”.

El paisaje al que se refiere Mena está formado por el Parque Nacional Natural La Paya, en Colombia; el Parque Nacional Güeppí-Sekime, en Perú; y la Reserva de Producción de Fauna Cuyabeno, en Ecuador.

De acuerdo con el plan, el mejoramiento de la conectividad de las áreas protegidas es clave para asegurar los hábitats de los jaguares. Sin embargo —señala el documento—  en estos lugares también se presentan la caza furtiva, la tala, las incursiones agrícolas y otras amenazas. “Por lo tanto, además de aumentar las áreas protegidas, existe la necesidad de desarrollar capacidades para su gestión y su vigilancia”, se indica en la propuesta.

El jaguar ha sido un símbolo de poder en las culturas de América Latina. Foto: Richard Barrett / WWF-UK
El jaguar ha sido un símbolo de poder en las culturas de América Latina. Foto: Richard Barrett / WWF-UK

Los acuerdos a nivel regional reconocen que a la conservación del jaguar y sus hábitats se suman a los esfuerzos para administrar los recursos naturales, fortalecer los medios de vida de la comunidad y contribuir al logro de los objetivos de desarrollo sostenible.

“Necesitamos ver más allá de la especie”, enfatiza Villanueva en relación a una apuesta por integrar la biodiversidad en los proyectos de desarrollo de los países. “Las obras de infraestructura, de carreteras y agropecuarios tienen que considerar a la biodiversidad en la toma de decisiones”, dice la experta.

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