Por: Carlos Bayo Martínez.

A unos cuantos kilómetros de Osaka, tercera ciudad más grande Japón y uno de los principales atractivos turísticos del continente asiático, se encuentra una de las construcciones modernas más impactantes en el mundo. Se trata del Aeropuerto Internacional de Kansai, cuya historia bien podría servirle de ejemplo a nuestro país.

La historia nos remonta a la década de 1960, cuando la región de Kansai comenzó a perder intercambios comerciales con Tokyo. Ante esta situación, comenzaron a hacerse planes para un nuevo aeropuerto, ya que el Aeropuerto Internacional de Osaka no podía expandirse debido a la enorme cantidad de edificios que lo rodeaban y por la problemática de la contaminación auditiva. No obstante, los constructores japoneses, como es propio de ellos, idearon un plan increíble: construir el nuevo aeropuerto fuera de la costa.

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Para que el Aeropuerto Internacional de Kansai fuera posible, los ingenieros japoneses tuvieron que iniciar la construcción de una isla artificial de 4 kilómetros largo y 2.5 kilómetros de ancho. Por si fuera poco, esta obra supuso el esfuerzo de 10 mil trabajadores y más de 10 millones de horas laborales en un lapso de 3 años. Cabe mencionar que este proyecto tuvo que enfrentar diversos obstáculos, incluyendo el hundimiento de una parte de la isla, sin embargo, su buena planificación hizo que se sostuviera firme.

Este aeropuerto podría ser un gran ejemplo para nuestro país, no obstante, las cosas son muy diferentes de este lado del mundo. Fue un gran acierto cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), ya que a diferencia del proyecto japonés, éste se hubiera enfrentado a las complicaciones inherentes de la corrupción y el fastuoso mantenimiento de los años.

El caso de Kansai nos demuestra que actualmente contamos con la tecnología necesaria para elaborar un aeropuerto a menor costo y sin dañar al pueblo. Lamentablemente, proyectos como el NAIM se han visto vulnerados por concesiones que, lejos de beneficiar al pueblo, lo mutilan.

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Nuestro país aún tiene muchas carencias en educación, salud y seguridad a causa de la corrupción que existe en las más altas esferas del poder que controlan a la población. Ante todas estas dificultades, el día de hoy el presidente electo nos necesita a todos y nosotros requerimos de un presidente fuerte. Este es un trabajo que nos concierne a cada uno de nosotros y no a un grupo de ventajosos empresarios que cada sexenio buscan enriquecerse más.

Hay que tener cuidado, ya que es muy probable que en los próximos meses escuchemos falsas alarmas de supuestas crisis causadas por este tipo de estrategias. No obstante, recordemos que estas personas en ningún momento se han dedicado a hablar de los daños que han causado las políticas neoliberales.

El presidente electo nos ha demostrado que puede tomar decisiones que beneficiarán a la población, tal como la regulación de los bancos para acabar con su constante abuso. En este aspecto, todavía hace falta hacer lo mismo con el sector de la comunicación, el cual se encuentra en la misma lamentable situación. Por fortuna, todo esto será posible gracias a los esfuerzos de un equipo que, a pesar de recibir un país lleno de injusticias, lo llevará por buen camino.

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Nuevamente debemos recordar que los mexicanos somos más que un aeropuerto y las falsas expectativas de los mercados bursátiles. Ahora sí nos toca esperar, como país, por una etapa de cambios positivos, misma que estará marcada por la rendición de cuentas claras y la ausencia de la impunidad.

Muchos criticarán abiertamente al nuevo presidente, sin embargo, cabe recordar que él se ha mantenido firme a pesar de las elecciones que se le han arrebatado injustamente. Ahora es el momento para que Andrés Manuel López Obrador demuestre que es el capitán indicado para llevar a nuestro país a buen puerto. ¡Debemos darle apoyo y confianza, ya que somos más los que creemos en él!

 

 

 

 

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