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Por: Reyna Luna Newcombe

McAllen, Texas. – Los gritos del pequeño hondureño Joseph, de tres años sobresalían de los ruidos habituales en la pequeña Central Camionera en el downtown de McAllen.

Joseph y su madre recién habían sido liberados por las autoridades migratorias y estaban ahí esperando abordar un autobús para ir a Nueva Jersey y reunirse con sus familiares.

Pero Joseph tenía hambre. “Quiero huevito, quiero huevito”. Su madre María no tenía ni comida ni dinero para darle. Joseph se quedó dormido de hambre y cansado de tanto gritar.

Yolanda mueve de un lado a otro el bastón blanco que la ha acompañado desde que tuvo el infortunio de perder la vista. Es salvadoreña, su hijo Kevin de 15 años, la trajo ilegalmente a los Estados Unidos: “Fue muy difícil porque había que caminar rápido, pero ya aquí estamos”.

Kevin, su hermanito Brandon y su mamá se dirigen hacia Houston, Texas, donde tienen familiares. Kevin a sus cortos quince años tiene la responsabilidad de su madre y su hermanito.

Catarina tiene una extraña forma de sentarse, pero es una buena comensal, a grandes mordidas se come una tortilla sentada en el frío y liso piso de la central camionera de McAllen.

Tiene nueve años y solo puede hablar una que otra palabra en español: “estoy bien”, contesta cuando se le pregunta en su dialecto, el acateco, una lengua maya.

Es guatemalteca y en la aldea donde vivió toda su vida se habla acateco, que es una lengua maya. Ella y su padre Francisco llegaron ilegalmente a los Estados Unidos.

“No tengo dinero, vine para poder mantener a mi familia”, intenta decir en español el padre de Catarina, un hombre de piel, ojos y cabellos obscuros, muy corto de estatura pero con una gran ambición del progreso.

Los tres niños de Honduras, El Salvador y Guatemala fueron encontrados en la Central de Autobuses de McAllen a donde fueron -con sus familiares- dejados por agentes de ICE, pero pronto deberán acudir a una cita con un juez migratorio que decidirá su futuro.

Todos llegaron a este país ilegalmente y buscando una vida mejor.

Tres niños inmigrantes. Tres historias. Tres países y un solo objetivo: vivir mejor.

 

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