PENSARC

Sin entrar en toda su dimensión histórica o política, “colonizar” indica el establecimiento de un conjunto de personas en un territorio alejado de su pueblo, país o región de origen con la intención de poblarlo y explotar sus riquezas. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, el término no deriva del descubridor de América, Cristobal Colón (1451-1506). Su etimología es bien otra, que paso a indicar porque es central para mi argumento. Procede “colonizar” del latín “colonia”, que hace referencia al territorio establecido por gente que no es del lugar. A su vez, ese término procede de “colonus”, que es un labrador y habitante de un sitio. “Colonus”, por otro lado, procede de “colere”, que indica el que cultiva y habita un lugar.

El descubrimiento del Nuevo Mundo inicia la historia de procesos colonizadores en la Edad Moderna y Contemporánea. Pero antes ya hubo colonizaciones, en la Prehistoria y en la Edad Antigua. En otras palabras: somos los humanos individuos colonizadores, nunca hemos dejado de serlo y, en buena medida, el éxito que hemos tenido a lo largo de nuestra historia en este planeta, medido en términos de supervivencias y crecimiento poblacional es debido, probablemente, a esa enorme curiosidad que antecede al hecho en sí de “ir a otro sitio”, con independencia de fines adicionales, no necesariamente tan loables, como es disponer de esa capacidad que innegablemente nos caracteriza.

El planeta se nos ha quedado pequeño para la colonización. Prácticamente no queda sitio por explorar. Pero colonizarlo implica llegar allí para establecerse, cultivarlo, explotar sus riquezas. Algunos lugares del planeta pueden no estar propiamente colonizados, por razones más o menos objetivas, pero creo que vale la pena aproximarnos a la noción de que, como especie, hemos hecho acto de presencia en todos los lugares y hemos utilizado sus recursos, y estamos en vías de agotarlos. Es a la especie a la que me dirijo para recordarle que nuestra curiosidad nos lleva de la mano hacia nuevos mundos que ya no son los de este planeta. La historia moderna y contemporánea cambia radicalmente con Colón, al poner en contacto mundos hasta entonces separados. Pero ahora estamos en otra realidad. Los nuevos mundos ya no están en nuestro planeta, sino más allá.

Hace años fui tertuliano en un programa de ciencia de la Radio Nacional de España y, en una ocasión nos tocó hablar sobre las iniciativas, tanto públicas como privadas, para llevar humanos a otros lugares del universo. Fue sorprendente observar la cantidad de personas con las que hablamos en la tertulia que estaban dispuestas a un viaje sin retorno a, por ejemplo, Marte; es más, muchas ya habían solicitado implicarse en iniciativas privadas con esa finalidad, y algunos habían sido seleccionados. Al preguntarles por las razones de una aventura única de estas características su respuesta era, en líneas generales, la misma: no tenían ningún apego al mundo en el que vivían y el reto de pensar ir a un lugar radicalmente nuevo les daba esperanza. Podremos enviar, de hecho, se viene haciendo ya desde diferentes agencias espaciales, dispositivos o robots a otros planetas o satélites de nuestro sistema solar. Esto es importante, ciertamente, para evaluar las características del terreno. Pero en modo alguno es comparable, en términos de novedad en la investigación científica y tecnológica, por los retos que ello comporta, de que lo que se plantee sea llevar “colonos humanos”. La exploración del espacio en estos términos debiera entrar en los programas de financiamiento de la ciencia internacional. Es una causa común de la especie, más allá de fronteras y naciones. Sin perjuicio de que debemos seguir financiando la investigación que nos permita seguir viviendo en nuestro planeta en forma sostenible, también tenemos que favorecer la investigación científica y el desarrollo de nuevas tecnologías para enviarnos a otros lugares del Universo, empezando obviamente por aquellos lugares que son más próximos y factibles de ser colonizados. Pero, como comento, los retos son tan extraordinarios, que solo pensarlo produce vértigo. Ahora bien, no hacerlo, querido lector, es ir contra nuestra natural curiosidad. La presentación de este nuevo programa podrá incrementar, de nuevo, el interés por la ciencia y atraer a ella los mejores talentos.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.