En las próximas horas iniciará el corte de agua anunciado por la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA). El objetivo es instalar una nueva línea de alta presión en la planta de bombeo número 5 del Sistema Cutzamala.

Se prevé que la medida afectará a 4 millones de personas en la Ciudad de México y otras tantas en el Estado de México.

Los próximos días de sequía bien podrían ser aprovechados para reflexionar sobre la manera en que consumimos agua en la capital del país. Con un promedio de 312 litros diarios por habitante la Zona Metropolitana del Valle de México registra uno de los consumos más elevados del mundo, lo cual no se traduce en que todas las personas tengan el mismo acceso.

La distribución inequitativa del agua es un problema global, mientras los habitantes de las principales ciudades europeas registran un consumo diario por persona que va de los 200 a los 300 litros, en África el promedio de es de 30 litros.

De acuerdo con un estudio elaborado por Nelly Mendiola Almaráz, de la facultad de Arquitectura de la UNAM, una familia de cuatro personas en la Ciudad de México gasta unos mil 920 litros de agua al día, una cantidad excesiva según los parámetros internacionales.

El estudio titulado “El ahorro del agua en viviendas de la Ciudad de México”, elaborado por Mendiola Almaráz, señala que  es necesario plantear estrategias para concientizar a la población acera del uso eficiente y ahorro del agua en los hogares mediante acciones sencillas que permitan racionar el líquido.

Una de las recomendaciones es colocar una cubeta debajo de la regadera y aprovechar el agua para otros usos, como el excusado, que en cada descarga utiliza 35 litros. Con la instalación de reductores de caudal, excusados de doble descarga, llaves aireadoras en fregaderos y lavabos, además de duchas ahorradoras podría reducirse hasta un 58 por ciento del consumo diario de agua.

Sin embargo las acciones individuales no son suficientes sin el diseño e implementación de políticas públicas adecuadas y la responsabilidad pública de los gobiernos.

En el caso de la Ciudad de México existe una excesiva dependencia de fuentes ajenas. Tan solo el Sistema Lerma-Cutzamala abastase entre el 25 y 40 por ciento del agua que se consume en la ciudad.El líquido es extraído de distintas zonas del Estado de México y Michoacán y se bombea de una altura de mil 600 metros sobre el nivel del mar hasta los 2 mil 702 metros, lo cual requiere una abultada inversión de recursos y energía.

Otro dato que frecuentemente se menciona para explicar el problema del desperdicio de agua en la ciudad es que entre el 35 y 40 por ciento del líquido se pierde en fugas.

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La sobrexplotación de los acuíferos, señala Fernando Menéndez, experto de la Universidad Iberoamericana, está obligando a la ciudad a buscar fuentes cada vez más lejanas, acentuando la dependencia y la construcción de una gigantesca, onerosa y vulnerable infraestructura.

Un problema más tiene que ver con la desaparición paulatina de las zonas de recarga, decretadas zonas de conservación ecológica en 1986. Se calcula que por cada metro cuadrado afectado por los asentamientos humanos se pierden 170 litros de agua al año.

“Los pozos tienen que ser cada vez más profundos, incrementándose los costos de perforación y bombeo. A medida que la extracción es más profunda, gradualmente disminuye la calidad del agua para consumo humano”, señala Menéndez.

Por otro lado, las 36 mil hectáreas de bosques y más de 30 mil hectáreas de áreas agrícolas captan 773 millones de metros cúbicos de agua al año, pero la mitad se pierde en escurrimientos que terminan mezclándose con las aguas negras en la cuenca urbanizada.

El debate en torno a la pertinencia de construir o no en Texcoco un aeropuerto trajo a la mesa la discusión sobre el futuro hídrico de la Ciudad de México. Para algunos especialistas la suspensión del megaproyecto abre la posibilidad de revisar el modelo de abastecimiento, distribución, consumo y desecho de aguas de la ciudad, y buscar en su lugar una forma más sostenible que evite el colapso.

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