El domingo se celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil. El triunfador fue un exmilitar llamado Jair Bolsonaro, a quien llaman “el Trump de Brasil”.

Al elegirlo como presidente, los brasileños optaron por dar un giro arriesgado a la extrema derecha, pues en medio de una crisis económica, de seguridad y de escándalos de corrupción, la gente buscó darle un voto de castigo al Partido de los Trabajadores, el cual gobernó durante 13 años hasta la destitución de Dilma Rousseff en 2016.

El problema es que Bolsonaro es un ultraderechista que incluso personas como Marine Le Pen (la política francesa de extrema derecha) ven como una figura peligrosa debido a la radicalidad de sus propuestas.

Esta vez Roger Waters no está exagerando. Bolsonaro impulsó una campaña basándose en propuestas autoritarias y antidemocráticas en todos los sentidos. El futuro presidente de Brasil quiere liberar la portación de armas, cambiar la ley migratoria para hacer más difícil la entrada al país a quienes piden asilo, promover políticas contra la legalización del aborto, sacar a Brasil del Acuerdo de París sobre el cambio climático, está a favor de la tortura, propone la castración química para violadores, quiere volver a incluir la clase “educación moral y cívica” en los programas escolares, tal como se hacía durante la dictadura. Aunado a eso, quiere abrir más escuelas militares. El tipo lo ha dicho abiertamente: es un nostálgico de la dictadura.

En este contexto, Roger Waters llegó a Brasil para ofrecer diversos conciertos a lo largo de dos semanas. Previo a su presentación en la ciudad de Curitiba, las autoridades le advirtieron que no podía pronunciarse sobre las elecciones a partir de las 10 de la noche, pues a esa hora entraba en vigor la veda electoral con motivo de las elecciones celebradas el domingo.

Por supuesto, Roger Waters no pudo evitar pronunciarse en contra de Jair Bolsonaro. Y lo hizo unos segundos antes de iniciada la veda. La música hizo una pausa, las luces se apagaron, y en la pantalla principal del escenario se desplegó este mensaje:

“Tenemos 30 segundos. Esta es la última oportunidad para resistir al fascismo. Él no [que hace referencia a la frase anti Bolsonaro ‘Ele não’]”. La respuesta mostró la división y la confrontación que existe entre los brasileños, pues así como hubo aplausos y gritos celebratorios, el mensaje también provocó rechazo y abucheos por parte de los asistentes.

Así es como ha vivido Brasil en los últimos meses. Los seguidores de Lula que vieron a su candidato ser sentenciado a 12 años de cárcel por corrupción y, en el otro extremo, quienes buscan un cambio de rumbo al precio que sea.

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