Mientras la cuenta regresiva sigue corriendo para la histórica jornada del 1 de diciembre, el equipo de transición de Andrés Manuel López Obrador defiende a los invitados internacionales que prácticamente han confirmado su presencia.

El “negrito en el arroz” es sin duda el venezolano Nicolás Maduro; en ello el futuro canciller Marcelo Ebrard ha sido muy enfático: por motivos de política exterior y de protocolo no se puede excluir a ningún mandatario de país alguno con el que se tienenrelaciones diplomáticas formales. Y en ello hay muy poco margen qué hacer.

En una breve recapitulación de las más recientes tomas de posesión de los mandatarios mexicanos, nos encontramos con que 23 mandatarios estuvieron en la toma de posesión del presidente Carlos Salinas de Gortari en 1988; 17 en la deVicente Fox en 2000, y 13 en la de Enrique Peña Nieto en 2012.

En ellas la polémica no estuvo exenta o hay algunos nombres por los cuales “recriminar” a los presidentes entrantes. Fidel Castro, el líder revolucionario cubano en el cenit de su poder, vino con Carlos Salinas de Gortari; se recuerda justamente que el venezolano Hugo Chávez estuvo en el 2000 con Fox, recién ascendido al poder de aquella nación sudamericana; el propio Felipe Calderón también debió extenderle invitación antes de los “roces” diplomáticos conocidos. Es por ello que usuarios en las redes les han recordado su pasado “chavista”.

Es a partir de ahí que Marcelo Ebrard defiende la eventual presencia de Maduro. “No excluimos a nadie, nosotros invitamos a todos los países. México tiene y va a sostener una política exterior de amistad y de respeto”, afirmó el fin de semana afuera de la casa de transición.

Esto debió anticiparse desde que a inicios de septiembre, el exjefe de gobierno capitalino informaba que los líderes de unas 120 naciones han recibido ya una invitación a la toma de posesión y remataba con“no se discriminará a país alguno”. Ahora un sector de la clase política y de los analistas se dicen sorprendidos porque Maduro, cuyo país nunca ha dejado de tener relaciones diplomáticas y comerciales con el nuestro, haya dicho que sí.

Más aún, Ebrard fue enfático al señalar que no se tiene ninguna modificación en losprotocolos, por lo que los invitados serán recibidos en el hangar presidencial del Aeropuerto Internacional de Ciudad de México o en otra sede, dependiendo los vuelos.

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