KIM

Me declaro lista para el linchamiento.

No entiendo en qué momento ser feminista se convirtió en masculinizar lo femenino.

¿En qué momento decidimos que demostrar que somos igual que los hombres significa ser mejores que ellos? ¿Por qué nos confundimos? A veces, nuestra lucha parece una catarsis de resentimiento.

A lo largo de la historia las mujeres hemos sido abusadas, explotadas y vistas como una extensión del hombre que requiere cuidados especiales por su condición vulnerable.

Actualmente, hemos recuperado espacios y lugares que nos correspondían, no nos fueron regalados, por el contrario, son resultado de una lucha permanente contra la desigualdad.

Pero en algún momento de la lucha por la equidad, comenzamos a considerar que el enemigo eran los hombres y hemos caído en toda clase de simulaciones para demostrar que somos mejores que ellos. Nos congratulamos de nuestros éxitos (muy merecidos) pero siempre los medimos como una competencia contra ellos. Ya no solo queremos ser iguales, queremos ser mejores. Y, en esta lucha frenética por demostrar que somos el género alfa, comenzamos a despreciar lo “femenino”

Considero que a mis treinta y siempre he logrado en lo personal y profesional todo lo que me propuesto, soy independiente y libre. Con todo ello, sigo valorando profundamente servirle la comida a mi papá o llamarlo para que arregle cualquier desperfecto en mi casa o automóvil (yo puedo hacerlo, pero no quiero). No tengo nada que demostrar porque siento que lo tengo todo. No me ofende realizar actividades que tradicionalmente estaban en manos de las mujeres. (Obviamente no soy una recolectora de frutos y no tengo ningún interés en ser ama de casa)

También debo confesar que la primitiva – que pernocta en mí – quiere a una pareja viril, que se encargue de todos aquellos temas que traduzco en protección (¡cuidado!, no significa que quiero que mantenga. Eso lo logro yo muy bien sola).  Misma primitiva que considera que darle de desayunar, comer o cenar a mi pareja es un privilegio y no una carga. Me aporta, no me esclaviza.

¿Por qué buscamos perdernos ser géneros complementarios y no antagónicos? ¿La nueva exclusión social será contra los hombres? ¿ellos son el enemigo?

Es importante destacar que lo enumerado aplica a las “revolucionarias” en condiciones de sanidad, de ninguna manera incluye a las víctimas de violencia de género – física o psicológica -, en condiciones de sumisión, esclavitud o abuso. Mismas a las que tenemos la obligación de apoyar.

@kimarmengol

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