HEPKE

“¡Soy como soy, no soy como los demás, pero regocíjate en mí porque soy como soy!” ¿O queremos comenzar con la afirmación de Dostojevski: “… si estuviera limpio, ¿todos me amarían…”? Cada niño es único e incomparablemente valioso en su género, y rara vez los padres tienen un problema con esto: amar y aceptar a su hijo tal y como es. Esto es al menos hasta que su vástago es expuesto a la generalización del jardín de niños y especialmente de la escuela.

Desde el jardín de niños se hace una evaluación lineal extraña, incluso si es completamente absurda, antipedagógica y donde los hallazgos psicológicos se contradicen. Especialmente entre los 3 a los 6 años, los niños se desarrollan totalmente diferentes y sin embargo, de acuerdo a su edad. Entonces un niño puede parecer sorprendentemente matemático, el otro hace dibujos impresionantes o tiene habilidades de lenguaje fuera de serie, mientras que otros niños irradian alegría con una gran sensibilidad social.

A la edad de seis años a más tardar, cuando el primer diente se tambalea, todos alcanzan un nivel de desarrollo similar y, sin embargo, son muy especiales de manera individual. Es particularmente en esta fase, donde hay que darle mucho tiempo a los niños, dejarlos ser para que forjen su carácter y no se doblen. ¡La situación en la escuela es aún más drástica! El niño tiene que adaptarse y aceptar las reglas. Por supuesto, uno puede estar de acuerdo con esto, cuando se trata de reglas que organizan la coexistencia con el propósito de la comunidad “escuela”, pero no cuando se trata de las estrategias de aprender y desarrollar talentos. Por ejemplo, recientemente me enfrenté con la siguiente situación: un niño de 4º año es muy talentoso en la competencia matemática. Los trabajos que se realizan dentro del salón de clase, los resuelve mentalmente antes de terminarlos de escribir y da los resultados.

La maestra, tal vez porque ella no tiene éxito tan rápido, le requiere la solución por escrito, de lo contrario “no puede” verificar como ha calculado y llegado al resultado… Esta es exactamente la forma en que perseverante se crea frustración en los estudiantes en lugar de promover sus habilidades especiales.

Afortunadamente, este chico también usa su impresionante inteligencia para su propia integración social. Es extraño e incomprensible cuánto luchamos constantemente por la “uniformidad” en lugar de acompañar con entusiasmo y apoyar las diferencias en las capacidades individuales de cada niño; o dedicándonos a apoyar y ayudar a los “débiles” del grupo. La calidad de nuestra educación mejora si somos capaces de “dejar ir a los niños” y, sin embargo, dirigirlos en una dirección positiva sin que se note. O como decía María Montessori: ¡Hazme fuerte para hacerlo yo mismo!

Hasta la próxima semana con: “¡TDAH y otras consecuencias de la educación!”

Kein Kind gleicht dem anderen!

„Ich bin, wie ich bin, ich bin nicht wie die anderen, doch freu dich an mir, weil ich so bin, wie ich bin!“ Oder wollen wir mit der oftmals zitierten Aussage Dostojevkis beginnen: …“denn wenn ich rein gewaschen wäre, liebten mich ja alle“…? Jedes Kind ist einzigartig und in seiner Art unvergleichlich wertvoll. Nur selten haben Eltern ein Problem damit, ihr Kind zu lieben und es zu akzeptieren, wie es ist! Das gilt zumindest so lange, bis es der Pauschalisierung von Kindergarten und insbesondere von Schule ausgesetzt wird. Schon im Kindergarten wird eine sonderbare lineare Beurteilung angesetzt, auch wenn sie völlig widersinnig ist und allen pädagogischen und psychologischen Erkenntnissen widerspricht. Gerade im Alter von 3 bis 6 Jahren entwickeln sich Kinder absolut unterschiedlich und doch ihrem Alter entsprechend. So mag das eine Kind überraschende mathematische, das andere beeindruckende gestalterische oder sprachliche Fähigkeiten aufweisen, während andere Kinder mit großer sozialer Sensibilität erfreuen. Spätestens um das sechste Lebensjahr herum, wenn der erste Zahn wackelt, erreichen alle einen annähernd gleichen Entwicklungsstand, und sind eben doch in ihrer individuellen Art ganz besonders. Es gilt gerade in dieser Phase, den Kindern Zeit zu lassen, die Kinder zu lassen und nicht zu verbiegen. Noch eklatanter wird die Situation in der Schule! Dann heißt es, das Kind hat sich anzupassen und die Regeln zu akzeptieren. Natürlich kann man dem zustimmen, wenn es sich um Regeln handelt, die das Zusammenleben in der Zweckgemeinschaft „Schule“ organisieren, doch absolut nicht, wenn es um individuelle Lernstrategien und Begabungen geht. Dazu eine „Geschichte“, mit der ich erst vor Kurzem konfrontiert wurde: Ein Junge einer 4.Klasse ist im mathematischen Bereich hochbegabt. Die Aufgaben, die in der Klasse gerechnet werden, löst er, noch ehe sie die Klasse schriftlich bewältigt hat, im Kopf und präsentiert direkt die Ergebnisse. Die Lehrerin, vielleicht auch weil ihr das selbst nicht so schnell gelingt, verlangt auch von ihm den schriftlichen Lösungsweg, denn sonst könne sie ja nicht überprüfen, wie er gerechnet habe. Genau so sorgt sie zielstrebig für Frustration, statt die besonderen, eben etwas anderen Fähigkeiten eines Kindes zu fördern. Zum Glück benutzt dieser Junge seine beeindruckende Intelligenz auch für seine eigene soziale Integration. Es ist sonderbar und unverständlich, wie sehr wir immer wieder nach „Uniformierung“ streben, statt mit Begeisterung die individuellen Fähigkeiten eines Kindes zu begleiten und zu stützen oder uns mit Hingabe der Förderung und Hilfe unserer „Schwächlinge“ zu widmen. Die Qualität unserer Erziehung zeichnet aus, ob wir die Kinder scheinbar „lassen können“ und doch unbemerkt in eine positive Richtung lenken. Oder in Anlehnung an Maria Montessori: Mach mich stark, es selbst zu tun!

Bis zum nächsten Mal und „ADHS und andere Folgen der Erziehung!“

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