Por: Allie Ann

Miles de personas mueren a diario en circunstancias comunes asimilables por las estadísticas; sin embargo, la historia registra algunos decesos pintorescos o excepcionales por alguna razón.

Profecía cumplida

El griego Calcas era un respetado adivino del siglo XII a. C. Fue él quien, según las crónicas, recomendó la fabricación del tramposo caballo lleno de combatientes durante la Guerra de Troya.

En una ocasión plantaba unas viñas en su propiedad, cuando un vecino le aseguró que no viviría lo suficiente para beber el vino elaborado con ellas. Transcurrió el tiempo,maduraron las uvas y el vino quedó a punto.

Alardeando, Calcas fue con su vecino y lo invitó a beber; cuando iban a brindar, el vecino repitió su profecía, Calcas dio un trago y sufrió un incontrolable ataque de risa que lo hizo ahogarse.

Otra versión asegura que en realidad murió de pena cuando falló en el pronóstico del número de lechones que nacerían de una cerda, error que le valió ser desbancado por Mapso como mejor adivino de Grecia.

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Una mosca en la garganta

El 1 de septiembre de 1159 el papa Adriano IV (Nicholas Breakspear), único pontífice inglés en la historia, regresaba a su residencia luego de haber pronunciado un encendido sermón contra el emperador Federico I Barbarroja, su enemigo político, pues su dinastía quería dominar los Estados pontificios e intervenir en la designación de los obispados.

En el camino se detuvo a beber agua en una fuente pública de la calle, situada en la plaza de Agnani. Sin que se diera cuenta, una mosca le entró por la boca y se le atoró en la garganta. Aunque sus lacayos corrieron en busca de asistencia médica, llegaron tarde y no pudieron extraer al inoportuno insecto que a pesar de su tamaño insignificante le causó la muerte.

Fue durante su pontificado cuando comenzó a usarse la expresión vicario de Cristo para referirse al papa.

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Desde la Torre Eiffel

En 1912 el sastre austriaco Franz Reichelt, residente de París, confeccionó una capa que, según él, le permitiría volar como murciélago.

Solicitó a las autoridades de la Torre Eiffel un permiso especial para lanzarse desde lo alto y llevar a cabo una demostración de su nueva prenda. A petición de los funcionarios también pidió la autorización de la policía y firmó una serie de documentos mediante los cuales los liberaba de toda responsabilidad legal.

Su acto comenzó a cobrar fama y el 23 de febrero de 1912, en compañía de admiradores, curiosos y fotógrafos de la prensa, ascendió a la primera plataforma, se detuvo sobre el borde y se lanzó al vacío.

Cayó de manera tan violenta que provocó un agujero en el suelo. Falleció a consecuencia de los golpes.

La fallida hazaña de este hombre que quiso emularla empresa de Ícaro puede verse en http://youtu.be/FBN3xfGrx_U.

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Anorexia fatal

El célebre filósofo Demócrito de Abdera (460-390 a.C.) aseguraba que la miel era el mejor alimento de todos, por saludable y nutritivo. También recomendaba la máxima austeridad en las costumbres, y él mismo de manera progresiva adoptó ese modelo de vida; redujo poco a poco su dieta hasta llegar a la extrema abstinencia.

Sus discípulos veían que en el transcurso de los días moría de hambre y, en vísperas de las fiestas de Ceres, la diosa de las cosechas (de cuyo nombre se deriva la palabra cereal), le suplicaron que se alimentara para mantenerse vivo. El filósofo pareció acceder a sus ruegos y pidió que le llevaran un tarro de miel. Lo abrió, se lo acercó a la cara y se limitó a destaparlo y olerlo sin probar un solo bocado.

A los tres días falleció de inanición.

A su caso habría que sumar los de diversos personajes de la historia católica que fallecieron por dejar de comer, como la beata portuguesa Alexandrina Maria da Costa (1904-1955).

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Hilaridad sin control

Una noche de abril de 1782 Lady Fitzherbert, una viuda inglesa, acudió al teatro con unos amigos para presenciar una función de la Ópera del Mendigo, pieza musical del compositor John Gay protagonizada por el célebre actor Bannister en el papel de Peachum.

Cuando éste salió a escena con la indumentaria estrafalaria que marca el libreto, el público comenzó a reír. La señora Fitzherbert no fue la excepción pero, a diferencia del resto de los asistentes, no pudo dejar de hacerlo y en cuestión de minutos su ataque de risa se convirtió en un incontrolable acceso de histeria que hizo indispensable que abandonara el teatro Drury Lane, donde se llevaba a cabo la escenificación.

Llegando a casa no mostró signos de mejoría alguna a pesar de los intentos médicos por controlarla. Un par de días después la risa llevada al extremo terminó por provocarle la muerte.

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Con ayuda de la Biblia

Menelik II (1844-1913) fue un emperador de Abisinia (la nación que hoy en día conocemos como Etiopía) connotado por su excentricidad. En un intento de modernizar la impartición de justicia en su país, mandó comprar varias sillas eléctricas, pero se decepcionó al ver que no funcionaban, puesto que su reino carecía de suministro de corriente.

Optó, entonces, por usarlas como tronos imperiales. Cuando enfermó del corazón los médicos no hallaban forma de ayudarlo. Confiando en la sabiduría de las escrituras, ordenó que le trajeran su ejemplar de la Biblia, arrancó las páginas del Libro de los Reyes (el texto que le servía de inspiración para sus decisiones de gobierno) y las ingirió una a una.

La indigestión producida por el papel acentuó su padecimiento cardiaco y falleció en Adis Abeba el 12 de diciembre de 1913.

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Bajo el peso del oro

El general Rodolfo Fierro combatió en la Revolución mexicana al lado del general Francisco Villa y ha pasado a la historia como uno de los caudillos más crueles de la contienda, al grado de que los soldados de la División del Norte lo conocían como el Carnicero.

Acostumbraba retirarles la piel de la planta de los pies a sus prisioneros y enfrentarlos, en un ruedo, a bravos novillos. A base de torturas logró que en las cercanías de Chihuahua el rico hacendado porfiriano Luis Terrazas, le revelara dónde había escondido cientos de monedas de oro, de las que se apoderó en el acto.

Él y sus hombres se dirigieron a Sonora y cuando las vías férreas terminaron, continuaron a caballo y encontraron un cuerpo de agua, la Laguna de Guzmán.

Mientras los más sensatos optaron por rodearla a pie, Fierro sentenció: éste es el camino para los hombres que sean hombres y para los caballos que sean caballos, entró al agua con todo y animal y ambos fueron a dar al fondo de la laguna por el peso del oro que cargaban.

Era el 13 de octubre de 1915.

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Golpe definitivo

Harry Houdini (1874- 1926), el mejor escapista de todos los tiempos, era reconocido por su gran fuerza física y su destreza corporal.

A finales de octubre de 1926, al término de una función, un grupo de admiradores quiso comprobar la leyenda de acuerdo con la cual el mago podía soportar fuertes golpes en el estómago sin mayores problemas.

Uno de ellos, William Lances, lo golpeó con fuerza en tres ocasiones; Houdini no pudo tensar sus músculos abdominales a tiempo y Lances le rompió el apéndice.

Entre fiebres y dolores agudos, Houdini trabajó los días siguientes hasta que murió, por peritonitis, el 31 de octubre de 1926.

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