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El Watergate fue una de las peores crisis que vivió Estados Unidos en la década de los setenta, algo que muchos ni acordarse quieren. Hoy las cosas están mucho peor: Philip Lacovara, el fiscal que persiguió al presidente Nixon e investigó el Watergate, alerta de una tormenta política más severa, ya que por lo menos Nixon era más apto para ser presidente y no había tanta corrupción.

Pero hoy, por si fuera poco en esta telenovela trumpiana donde sus dos colaboradores más cercanos: su exabogado Cohen y su exjefe de campaña Paul Manafort, resultaron ser grandes criminales (el segundo, con 80 años de prisión), Donald Trump recibe además dos golpes bajos de alto dolor. Un artículo publicado por el New York Times que destapa lo peor que le puede pasar a un presidente, una conspiración que lo sabotee y que gobierne por él.

El artículo es anónimo pero su autoría fue corroborada por el periódico: se trata de uno de los más altos funcionarios del propio equipo de Trump. Describe al presidente como un verdadero inepto, infantil, caprichoso, impulsivo pero sobre todo sin moral, tanto que, el autor y sus colegas han pensado en aplicar la enmienda 25 de la Constitución para destituirlo al alegar que es un incompetente mental. El artículo puso verde de rabia al pelirrojo presidente, “cobarde y traidor” fueron los adjetivos que pronunció Trump, mientras le daban otro golpe bajo más.

El Washington Post, había presentado el libro “Miedo: Trump en la Casa Blanca” que promete explotar la oficina presidencial al describir que el mandatario la ha convertido en un manicomio. El libro incluso confirma la información del artículo anónimo. Está profundamente documentado por uno de los periodistas de más prestigio de Estados Unidos, Bob Woodward, quien curiosamente destapó el caso Watergate, que hizo renunciar al presidente Nixon. Así o más telenovelesco. Asesinar al presidente de Siria, mover tropas, armar una catástrofe con Corea del Sur, son parte de los caprichos trumpianos relatados en este libro, y que fueron detenidos con engaños al presidente o robándole documentos para proteger la paz del mundo, o si no, explicándole que eso desataría la Tercera Guerra Mundial.

Es evidente que algo pasa en la Casa Blanca. Lo curioso es que siempre emerge el escándalo pero sin evidencia sólida, como la famosa y presunta interferencia de Rusia en las elecciones o el supuesto lazo entre Vladimir Putin y Trump. Esto me lleva a cambiarle a usted la pregunta. ¿Y que tal si todo esto es una simulación, Trump un simulador y parte de los escándalos son ordenados por él mismo, como el artículo incriminatorio del New York Times? ¿Para qué? Para jugar con la opinión pública. Recordemos que es un experto en televisión, y así, autosaboteándose, ganaría más atención para lograr la victimización de un presidente “bueno” que quiso hacer bien por su país y que el “deep state”, los poderes oscuros, las grandes corporaciones, los globalistas o como usted les quiera llamar, no lo dejaron.

“Lo tienen secuestrado al pobrecito”, quizá es lo que quiera el mismo Trump que piensen sus seguidores, acto seguido, “démosle más apoyo” votando por él, por su partido. Porque tampoco hay que olvidar que las elecciones intermedias son en menos de dos meses, y si pierden los republicanos, Trump sabe que es el adiós, no habría forma de parar su humillación en el Congreso con una posible destitución que se saborean los demócratas a través del impeachment. Esta es solo una hipótesis, porque la explicación hasta ahora más coherente es que sí, el establishment está detrás. No obstante, en Washington todo puede pasar.

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