Por: Allie Ann

El ser humano es lo que es porque es consciente. Existen varios mitos y creencias acerca de los psicólogos y la Psicología, que van desde las posiciones más escépticas de quienes afirman que no creen en esta ciencia o no se fían de los psicólogos, pues piensan que con el simple hecho de hablar de sus problemas con un profesional, estos se solucionarán por sí solos.

La industria de la psicología popular ha sido responsable de esparcir las más variadas creencias sobre el funcionamiento de la mente humana. La creencia en psicomitologías tiene daños indirectos. Por ejemplo, creer que con únicamente grabaciones de autoayuda subliminal es suficiente para bajar de peso, hará que quienes crean en ello inviertan tiempo, dinero y esfuerzo en un tratamiento inútil, en lugar de esforzarse por la vía del ejercicio.

Si no distinguimos entre mito y realidad en un campo del conocimiento científico, también podríamos dejar de hacerlo fácilmente en otras áreas importantes de la sociedad moderna.

Cazadores de mitos

No hay que sentirse avergonzados si alguna vez hemos creído en algún mito de este tipo; incluso hay psicólogos profesionales que al no estar actualizados creen en algunas de ellos. Los doctores estadounidenses Scott O. Lilienfeld, Steven jay Lynn y John Ruscio se han dedicado a “cazar” este tipo de ideas mal fundamentadas y entre ellas destacan:

1. La letra revela nuestra personalidad

Se ha demostrado que la grafología o el análisis de la caligrafía se sustenta en una práctica pseudocientífica muy vieja, conocida como “lectura de caracteres”. Aunque la caligrafía puede vincular algunos aspectos del temperamento, no siempre significa que las personas sean tal y como lo marca su escritura.

Por tal razón es falso afirmar que como la escritura es individual y la personalidad es única, una es el reflejo de la otra. El hecho de que dos atributos sean distintivos no es razón para concluir que tengan una relación específica.

2. Los psicólogos son capaces de leernos la mente

El psicólogo es un profesional calificado para analizar y evaluar nuestros problemas. Antes de empezar un tratamiento psicológico es necesario realizar un proceso de evaluación en que el psicólogo analiza los problemas que tenemos, sus características y la forma en que nos afectan.

Este proceso normalmente se lleva a cabo mediante una entrevista y, adicionalmente, pueden emplearse otros procedimientos como los cuestionarios. Ellos no leen nuestros pensamientos, nosotros brindamos la información para ser evaluados.

3. El detector de mentiras es eficaz

El polígrafo registra la actividad psicológica, como conductividad de la piel, presión arterial y respiración, y traza una gráfica que debe ser interpretada. Esta actividad es la que se asocia con la ansiedad del interrogado. Sin embargo, la fisiología de las personas no es la misma y una persona sincera que suda mucho puede ser acusada de deshonesta.

Un mentiroso que no suda puede pasar por una persona honesta. Además, la actitud de los interrogantes, o el nerviosismo propio al recibir acusaciones falsas o injustas, puede provocar efectos contradictorios. Un análisis de la eficacia de este método encontró que el 40%  de los interrogantes honestos parecían culpables, por lo que este método no es confiable.

4. La prueba de manchas de tinta dice mucho de nuestra personalidad

La mayoría de los resultados de la llamada “prueba de Rorschach” no tiene relación alguna con rasgos de personalidad, ni es útil como medio para ofrecer un diagnóstico. Sus resultados no ofrecen evidencia para detectar la depresión clínica, trastornos de ansiedad o trastorno de personalidades antisocial.

Sin embargo, es útil para detectar perturbaciones mentales, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, esto por las respuestas verdaderamente extrañas a las manchas de tinta. La prueba mal aplicada por un psicólogo mal preparado puede atribuir trastornos erróneos a una persona.

5. La memoria humana registra con precisión los sucesos que vivimos

La memoria es imperfecta y poco confiable; nuestros recuerdos distan de ser réplicas exactas de hechos pasados. Lo hechos emotivos que solemos recordar no tienen la calidad de una imagen impresa. Se ha demostrado que no solo algunos momentos se desvanecen con el tiempo, sino que también están expuestos a distorsiones.

La memoria no es productiva, no duplica con exactitud lo que experimentamos, sino “reconstructiva”: lo que recordamos suele ser una mezcla confusa entre recuerdos nítidos y nuestras creencias, necesidades, emociones y corazonadas.

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