Por: Allie Ann

Los mayas utilizaron los códices, sus libros sagrados, para registrar noticias, crónicas y hechos históricos; que hicieron gala de la precisión de sus sistemas cronológicos, literatura y de sus conocimientos en astronomía, medicina y botánica. El Códice Maya de México, antes Grolier,  “es auténtico”, declaró Diego Prieto, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en un comunicado de prensa.

El Códice Maya más antiguo de América

De acuerdo con una investigación realizada por el INAH, se ratificó que el códice es prehispánico y tiene una antigüedad calculada por radiocarbono entre los años 1021 y 1154 de nuestra era (periodo Posclásico Temprano), a la vez que debió tener una vida útil de aproximadamente 104 años. Todo esto lo convierte en el códice prehispánico más antiguo conocido.

Por su parte, el antropólogo Diego Prieto, recalcó:

“EL CÓDICE MAYA DE MÉXICO ES AUTÉNTICO Y SE OSTENTA COMO EL MANUSCRITO PREHISPÁNICO LEGIBLE MÁS ANTIGUO DEL CONTINENTE AMERICANO”.

Prieto refirió que, liderado por Baltazar Brito Guadarrama y Sofía Martínez del Campo, de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) y la CNME del INAH, respectivamente, tal proyecto convocó a expertos de la UNAM, el Cinvestav Querétaro y la Universidad de Colorado, en Boulder, para indagar en el texto, cuya autenticidad se ponía en duda por dos cuestiones principales:

  1. El códice se obtuvo a partir de un saqueo, por lo que no existen registros arqueológicos de su contexto original.
  2. Su estilo difiere de otros códices mayas conocidos y probados auténticos.

El INAH expuso que se realizó un registro fotográfico detallado, además de que se practicaron exámenes de datación, materiales, entomología, iconografía, microscopía electrónica, caracterización químico-mineralógica, morfometría, cronología, estilo y simbolismo, entre otros, “privilegiando en todo momento la conservación”.

Baltazar Brito detalló que, en virtud de estos resultados y de su comprobación ante órganos internacionales como el laboratorio Beta Analytic, el documento debe en adelante cumplir con tres mandatos: uno, que se trata de un documento original; dos, que en adelante debe ser nombrado Códice Maya de México; y tres, que debe reconocerse como bien arqueológico y permanecer en resguardo de la BNAH, cuya Colección de Códices cuenta con el nombramiento de Memoria del Mundo, otorgado por la UNESCO en 1997.

Además añadió que los 10 pliegos del códice —que miden, en promedio, 12.5 centímetros de largo y se teoriza debieron pertenecer a un conjunto de por lo menos 20 pliegos— tienen como soporte tres capas de corteza de papel amate.

El estudio realizado por la antropóloga física del INAH, Josefina Bautista, concluyó que los rasgos de las figuras humanas del códice pertenecen al estilo maya-tolteca del Posclásico Temprano, y no guardan similitudes con el naturalismo maya del Clásico Tardío que se observa en, por ejemplo, el Códice de Dresde, con el que se le ha comparado.

“Por mucho tiempo, los detractores del códice destacaron que el estilo no era maya y que era ‘el más feo’ en cuanto a trazos y color, pero tal austeridad se explica por la época, es decir, si uno vive con carencias, echa mano de lo que tiene para producir obras”; resaltó Bautista, al hablar también del contenido del texto, un calendario adivinatorio sobre el ciclo de Venus, tema relacionado por sí mismo con los augurios de buenas cosechas y la predicción climática, fundamentales para los antiguos en tiempos de escasez.

Códice Maya de México. Foto: Martirene Alcántara, INAH.

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