CAMBIO.- El gobierno de Enrique Peña Nieto terminó 152 días antes de cumplirse el sexenio para el que fue electo, en tanto que el de Andrés Manuel López Obrador inició el 2 de julio. ¿Por qué? Porque Peña Nieto desapareció de la escena nacional, se replegó, dejó de figurar como primer mandatario de México luego de reconocer el triunfo del candidato de Morena, dando la impresión de que en la víspera del cambio de gobierno aceptó que lo que no hizo en cinco años y medio no lo va a hacer en cinco meses.

Y, en consecuencia, emprendió la silenciosa retirada. De lo único trascendente que se ocupa es de la negociación del Tratado de Libre Comercio, pues no puede ser de otra forma. En cambio, López Obrador, aunque en calidad de virtual Presidente de la República electo, comenzó de ya a trabajar en los proyectos que marcarán su mandato, a dictar la agenda del quehacer nacional, a integrar los gabinetes legal y ampliado, a repartir el dinero que pretende recolectar con el ajuste presupuestal, el recorte de altos sueldos y el despido de burócratas de confianza, entre muchas otras cosas que diario acaparan la atención de los medios de comunicación y no se diga de las redes sociales, así como de la sociedad.

Lo anterior, antes de que fuera declarado presidente electo el 8 de agosto por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y de que tome posesión del cargo el 1 de diciembre. Hay la percepción de que lo que quiere Peña Nieto –cansado, insatisfecho, frustrado, inconforme y desilusionado- es que corra el tiempo y llegue el día del adiós para librarse de la dificultad que enfrentó para gobernar un país con múltiples problemáticas y carencias, en tanto que López Obrador da muestras de no querer perder un solo minuto para iniciar la Cuarta Transformación de México. Por eso, giró instrucciones para iniciar el proceso de transición y el corte de caja en cada dependencia federal a partir de que reciba la constancia de presidente electo, para saber en qué condiciones le entregarán la administración del país.

LÓGICA.- ¿Acaso no saldría más caro el caldo que las albóndigas si se somete a consulta popular la continuidad o no de la obra del Nuevo Aeropuerto, o si se construyen o no dos pistas en la terminal aérea de Santa Mónica, cuando ya se han invertido miles de millones de pesos? ¿Sería válida la opinión de quienes no viajan en avión, de aquellos que por su situación económica nunca lo harán, o de los que no lo hacen porque no tienen necesidad? ¿Por qué mejor no se deja esa resolución a los expertos?

APENAS.- El 1 de julio los partidos de la Revolución Democrática, Verde, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza y Encuentro Social no lograron el 3% de los votos mínimos que exige la Ley Electoral en una contienda federal para mantener el registro, empero, sin embargo, los únicos que es un hecho lo perderán son los dos últimos.  Al PRD, PVEM y MC que en solitario no tuvieron los sufragios suficientes, los salvó la suma de los que lograron en las coaliciones que participaron (PRD-MC-PAN) y (PVEM-PRI). Cosas de la partidocracia.

2019.- México es el país de las elecciones permanentes. Cada año se eligen gobernadores, presidentes municipales o diputados locales. Tras el 1 de julio, cuando estuvieron en juego más de 3 mil 600 cargos entre federales y locales, el 2 de junio de 2019 se sufragará por gobernador de Baja California, cinco alcaldes y cinco diputados, 11 alcaldes en Aguascalientes, 39 más en Durango, y diputados en Quintana Roo y Tamaulipas. Esto, de acuerdo al Plan Integral y Calendarios de los Procesos Electorales Locales 2018-2019 del INE.

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