HEPKE

Probablemente haya tantos modelos escolares como países en todo el mundo. Y hay fantásticamente modelos buenos, y hay situaciones escolares y educativas que necesitan renovación y mejora urgente. Pero ningún modelo es lo suficientemente bueno, si las personas involucradas, niños – padres – maestros, no trabajan juntos.

A la edad de doce años a más tardar, es cuando se hace el primer cambio de escuela después de terminar la escuela primaria… y surge las preguntas: “¿Y ahora que? ¿A donde lo cambio? ¿Cual es la mejor escuela para mi hijo?” ¡Al menos las preguntas deberían ser éstas o similares! Pero en realidad normalmente las preguntas son así: “¿Cuál escuela debe visitar mi hijo? ¿Qué puedo hacer para que mi hijo siga una carrera académica? ¡Solo quiero lo mejor para mi hijo!” ¡Lo “mejor”! puede convertirse rápidamente en una tortura sin fin para el niño.

La “mejor”, es la ilusión de los padres, el estatus que debe respetarse. ¿Y los niños? No todos los niños quieren sentarse más tarde con una bata blanca, viendo pacientes y que le digan doctor o “discutir” como un abogado en la corte… ¿Qué niño quiere luchar en la escuela durante muchos años solo para cumplir los sueños de sus padres? ¿Por qué un niño tiene que convertirse en médico, cuando preferire ser un panadero con mucha imaginación? “No, no,” es la respuesta de muchos padres, “¡Los niños son demasiado pequeños para tomar una decisión clara y buena!” Rara vez los padres estuvieron de acuerdo conmigo cuando recomendé un trabajo más práctico para su hijo.

Como simplemente se dice: “¡En nuestra familia, solo hay médicos, algo más está fuera de discusión!” ¡Está bien, si eso funciona! Pero es mucho mejor cuando primero escuchamos a los niños, cuando los observamos, cuando descubrimos y reconocemos sus verdaderos talentos. Incluso en una familia académica tradicional, también está el niño, que “baila fuera de la fila” y también se le permite bailar porque es feliz de esta manera y será feliz en su vida futura.

La suerte, la satisfacción mental no puede ser reemplazada por dinero. Las personas felices se convierten en personas exitosas, porque las personas felices son personas positivas. Las personas positivas encuentran respuestas a todos los problemas en la vida, creen en sí mismas y en su futuro. La mejor escuela para un niño es aquella en la que puede ser él mismo y puede realizarse, en la que puede seguir desarrollando sus talentos. Los niños deben decidir con sus padres a qué escuela quieren ir en el futuro. ¡Los padres responsables aconsejan, recomiendan y respaldan la decisión de sus hijos!

Hasta la próxima semana con “Vivir en una comunidad de conveniencia”

Schulwahl – Zukunftsqual!

Wahrscheinlich gibt es ähnlich viele Schulmodelle wie es Länder gibt rund um den Erdball. Und es gibt fantastisch gute Modelle, und es gibt Schul- und Erziehungssituationen, die dringende Erneuerung und Verbesserung benötigen. Doch kein Modell ist gut genug, wenn nicht die betroffenen Menschen, die es beleben sollen, Kinder – Eltern – Lehrer, zusammenwirken oder gar zusammenpassen. Spätestens mit dem 10. Lebensjahr, wenn der erste Schulwechsel nach der Grundschule ansteht, taucht die Frage auf: „Und was nun? Wohin nun? Welche ist die beste sprich richtige Schule für mein Kind?“ Zumindest sollte so und ähnlich die Fragestellung lauten! Doch in der Wirklichkeit klingt das dann schon meist eher so: „Welche Schule soll/muss mein Kind besuchen? Was kann ich tun, dass mein Kind eine akademische Laufbahn einschlagen kann? Ich will doch nur das Beste für mein Kind!“ Das „Beste“ jedoch kann ganz schnell zur nie endenden Qual für das Kind werden! Das „Beste“, das sind die Wunschträume der Eltern, der Status, der gewahrt werden muss! Und die Kinder? Nicht jedes Kind will später einmal in der Arztpraxis im weißen Kittel sitzen oder sich als Anwalt vor Gericht „streiten“ u.a.! Welches Kind will sich schon viele Jahre durch die Schule hindurchquälen, nur um die Träume der Eltern zu erfüllen! Warum muss ein Kind Arzt werden, wo es doch viel lieber ein phantasievoller Bäcker sein würde? „Nein, nein“, lautet dann die Antwort vieler Eltern, „die Kinder sind doch noch viel zu jung, um eine klare und gute Entscheidung treffen zu können!“ Selten waren die Eltern mit mir einer Meinung, wenn ich ihnen einen eher praktischen Beruf für ihr Kind empfohlen habe. Da hieß es schlichtweg: „In unserer Familie gibt es nur Ärzte, etwas anderes kommt nicht in Frage!“ Gut, wenn das dann auch funktioniert! Doch viel besser ist es, wenn wir erst einmal in die Kinder hineinhören, wenn wir sie beobachten, wenn wir ihre wahren Talente entdecken und erkennen. Selbst in einer traditionellen Akademikerfamilie gibt es auch einmal das Kind, das aus der „Reihe tanzt“ und auch tanzen darf, weil es auf diese Weise glücklich ist und in seinem zukünftigen Leben glücklich werden wird. Das Glück, die seelische Zufriedenheit ist nicht mit Geld zu ersetzen. Glückliche Menschen werden zu erfolgreichen Menschen, denn glückliche Menschen sind positive Menschen. Positive Menschen finden auf alle Probleme im Leben Antworten, sie glauben an sich und ihre Zukunft. Die beste Schule für ein Kind ist die, in der es sich selbst einbringen und verwirklichen kann, in der es seine Talente weiterentwickeln kann. Kinder müssen mitentscheiden dürfen, welche Schule sie künftig besuchen wollen. Verantwortungsvolle Eltern beraten, empfehlen, stehen hinter der Entscheidung ihrer Kinder!

Bis zum nächsten Mal und „Leben in einer Zweckgemeinschaft“

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