KIM

Juventud divino tesoro dicen por ahí y es cierto; probablemente las sensaciones, emociones y pensamientos son los más adrenalínicos, impulsivos e intrépidos.

Nuestra memoria poética resguarda como épicas todas aquellas aventuras, risas, riesgos y, sobre todo, amores.

El llamado “amor de tu vida” seguramente aparece en la década de los veinte. Por el que conocimos el cielo y el infierno, descubrimos las lágrimas inspiradoras (un estilo de masoquismo poético), fuimos poetas y trovadores.

Las más grandes promesas y las peores desilusiones.

Todo el estilacho de telenovela de Televisa y la dama protagonizando a la flor de barrio: celos, gritos, intrigas y reconciliaciones.

Lo más desgastante de este tipo de situación es la normalización que les damos. Suponemos que el individuo que nos llama y controla todo el día “nos cuida”, confundimos los celos con algún tipo de “necesidad” y “amor infinito”. Entendemos que las reconciliaciones son “aventuras exóticas”.

Suena interesante pero te aseguro que no volvería pasar por eso ni un minuto.

Con la “madurez”, es sencillo (no totalmente, pero es más fácil) liberarte de dramas y exhibiciones absurdas, sabes que no tienes que cambiar un ápice para complacer a nadie y, sobre todo, no tienes esa urgencia de estar con alguien. Valoras tu tiempo y no lo desperdicias con cualquiera.

La madurez nos lleva a entender que las novelas con las que crecimos son la fantasía del autor que soñaba con algo que nunca llegó o fue.

La madurez también nos recuerda que el amor a primera vista es increíble, pero lo es más lo que se va forjando con el paso del tiempo y los obstáculos. Entendemos qué no es necesario pasar 24/7 con esa persona especial, sino aprovechar cada segundo cuando las obligaciones lo permiten.

Y empezamos a valorar los defectos y ver lo increíble en las cosas más sencillas o los detalles pequeños.

El ser adulto nos hace vivir de una forma más tranquila, sin que represente menos pasión o amor. Pensamos más y nos volvemos selectivos.

Sí por alguna razón el amor se acaba, no sentimos que el mundo se puede acabar. Duele, pero no matará.

Sabes que el amor sabe a algo parecido como paz, plenitud, hacer equipo, perderse en Netflix, aventuras realizables, planes conjuntos y cuidado mutuo. No es una carga, es una ayuda. No es contemplativo, es activo y, sobre todo jamás duele ni humilla.

Esas son las verdaderas historias de amor…

@kimarmengol

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