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Mucha determinación. Mucha fe en que todo saldrá siempre bien. Mucha valentía. Y mucha fuerza. Tenemos que aprender de esto, todos. Y mucho más los que siempre se están quejando, y de esos, los que se quejan de un mal gobierno, la injusticia, la pobreza, la falta de empleo o la insolencia de la pareja, padres o hijos.

Su nombre es Ahed Tamimi. Una mujer que sacó a patadas a dos militares, armados y entrenados, pertenecientes a uno de los mejores y más preparados ejércitos del mundo, el de Israel. Y debemos de aprender de ella porque además de ser mujer y enfrentarse a estos dos soldados, resulta que tan solo tiene 17 años de edad. Así, sin más armas que su boca, sus palabras y sus manos, y sobre todo su dignidad, defendía su hogar, su patria y su derecho a tener una vida en paz.

Fue en diciembre pasado, durante unas protestas cuando corrió a dos soldados que se habían pertrechado en el frente de su casa, en Cisjordania ocupada por fuerzas israelíes. Su video se hizo viral, cacheteando e indicándoles a los militares que se tenían que retirar, en medio de su madre que pedía no le hicieran nada.

El padre grababa el video, y aunque aquí se pueda entrar a otro debate sobre si debió protegerla, cabe decir que los palestinos normalmente no tienen opción, si el padre hubiera agredido a los soldados, probablemente hubiera terminado en el cementerio —como muchas veces pasa—, y eso no quitaría en absoluto el gran valor de la adolescente. Los soldados fueron así, corridos. Pero el incidente no terminó ahí. El video se convirtió en una bomba para el orgullo de las autoridades israelíes, “cómo una pequeña pudo haber ahuyentado a los bien preparados militares”.

Por lo que días después, en una redada de noche, un equipo militar especial asaltó a la familia de la chica para llevársela a prisión. Los cargos: agresión con agravante, incitación, obstaculización militar, 12 en total. A pesar de ser una menor de edad, y contra todo derecho humano, la joven Ahed fue atraída como criminal por una corte militar y sentenciada culpable, y gracias a que aceptó parte de los cargos y pagó una multa, pudo rebajar su condena a 8 meses de prisión.

Después de vivir todo ese tormento, obtuvo la libertad la semana pasada en medio de lágrimas. Al salir, dijo que no descansará hasta que toda Palestina sea liberada y envió también un mensaje a todos los seres humanos que buscan alcanzar algo en la vida: “el futuro está en nuestras manos”. No se queje.

Además del mensaje y de la admiración que me dejó, porque desde los 13 años se ha enfrentado a la represión militar, me movió también a preguntar puntos muy delicados de la esencia humana.

El caso de Ahed Tamimi, creo, deja preguntas críticas sobre los que se dicen el pueblo elegido de Dios. ¿Cómo es posible que una adolescente le dé una cachetada a un soldado de Israel, y se haga tremendo escándalo, se le arreste y se le encarcele, mientras un soldado le pone una bala en medio de los ojos a un discapacitado que está en silla de ruedas y nadie proteste? Más aun, ¿qué tipo de autoridades tiene Israel, que tipo de sociedad tiene que no protesta ante estos crímenes? ¿Qué tipo de sentimientos humanos tiene el pueblo judío que no se enfurece con su autoridad, por encarcelar a una joven que le da cachetadas a un soldado, o porque uno de sus soldados mate a un ser humano en silla de ruedas?

El politólogo estadounidense Norman Finkelstein explica la causa: que el pueblo de Israel, en su mayoría, se parece a sus autoridades supremacistas y racistas, prueba es, afirma, que el primer ministro Netanyahu, sigue siendo apoyado, a pesar de llevar mucho tiempo en el poder y de estar sumido en tantos casos de corrupción.

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