BIALIK

Emprender un viaje es trasladarse: implica un cambio de ubicación, pero también un cambio de rutina, de pensamiento, de adaptación. Se puede viajar hacia el exterior —a otra ciudad, estado, país— o hacia el propio interior buscando dentro de uno mismo ¨quien soy¨, ¨a dónde voy¨.

En todo viaje es necesario desprenderse, aunque sea temporalmente, de nuestro mundo familiar, de la rutina, del entorno, de lo conocido. Viajar con un equipaje más ligero, pero ese equipaje —metafóricamente hablando— equipado con mayor soltura, curiosidad y aceptación.

Y ese viaje es mejor hacerlo de una manera abierta, favoreciendo toda nueva experiencia permitiendo que cada momento resulte una aventura que sea percibida por todos nuestros sentidos y que facilite seguir descubriendo y obteniendo de toda situación, un nuevo conocimiento: nuevos olores, sabores, sonidos, colores, texturas, culturas, personas. Nuevas percepciones.

Me gusta hacer caso al escritor francés Marcel Proust (París 1871-1922), famoso por su novela En busca del tiempo perdido, quien decía que ¨el único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos¨.

Sabio consejo que podemos aplicar en nuestra cotidianidad, desde donde nos encontremos, creando para cada momento y situación una experiencia nueva, diferente, emocionante, de apertura y descubrimiento.

Cualquier viaje, si lo piensa usted, contiene algún elemento de sorpresa, de incertidumbre. Si va manejando, ese elemento pudiera ser el tráfico que no podemos controlar aunque sí se puede ¨predecir ¨ con las nuevas tecnologías satelitales; una llanta ponchada o problemas distintos en el trayecto. O, en los aviones, el mal tiempo, las demoras… Y en tierra, habiendo ya llegado a nuestro destino, situaciones impredecibles de distinta índole. No encuentran nuestra reservación, llegamos hambreados y todos los restaurantes están cerrados… Existen las probabilidades de que esto suceda, que no depende de nosotros, excepto con qué actitud lo vivimos. Son sólo parte de los riesgos al emprender cualquier viaje y podemos y debemos estar conscientes de que nos pudieran acontecer y prever y resolver alternativamente estas posibles situaciones. Pero aún, si llegaran a sucedernos, tomarlas como aprendizajes y aprovecharlas para nuestro crecimiento.

Acostumbrarnos a ejercitar nuevas formas de mirar, de percibir, de valorar, volviéndonos más inquisitivos, propositivos y positivos, agradecidos por lo que tenemos, y redescubriendo todo lo que nos rodea, todo eso que –sencillamente— damos por hecho y no apreciamos en todo lo que vale.

¡Venga esa nueva mirada!

*Raquel Bialik, Antropóloga Social, estudió en la Universidad de California (Berkeley) egresada de la ENAH, El Colegio de México, Directora de Agorabi, Lugar de Encuentro (Tepoztlán, Morelos). Consultora de instituciones públicas y privadas, autora de capítulos y libros nacionales e internacionales especializada en Antropología Médica, Tercera Edad y Asistencia Social. Colaboradora de la Revista Ser Mayor.

e-mail:  agorabi16@gmail.com

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