KIM

Por décadas hemos escuchado a adultos compartir su experiencia laboral que en muchos casos tiene sus orígenes en la niñez.

“A mí trabajar desde niño me hizo responsable” “Yo aprendí el valor del dinero porque desde niña tuve que trabajar” o la más común “Los niños deben de trabajar para que se acostumbren y forjen un carácter fuerte”.

Estas frases suponen un desconocimiento de las consecuencias en el desarrollo físico, emocional e intelectual, al ser tomada como una tradición o la idea de que todos los integrantes del hogar deben cooperar con el ingreso familiar.

En México más de tres millones de niños, niñas y adolescentes trabajan, 9 de cada 10 lo hacen en actividades prohibidas por la ley.

La mayoría de los niños trabajadores son varones y casi la mitad no recibe un salario por hacerlo.

Aquellos defensores del trabajo infantil ¿seguirán de acuerdo con su postura al ver estas cifras?

A nivel mundial las cosas no son muy diferentes. Las cifras oscilan entre 160 y 250 millones de niños y niñas trabajadores. La mayoría lo hacen en actividades peligrosas.

La principal causa de esta grave condición es la pobreza, que les orilla a abandonar su niñez para tomar un rol de adulto para poder alimentarse, vestirse e incluso para sobrevivir.

Niños y niñas trabajadores están propensos a explotación, abuso, accidentes, deficiencias en su desarrollo, deserción escolar y la pérdida de su niñez como etapa.

El problema del trabajo infantil es estructural, pero también cultural. Mientras se siga tolerando y consintiendo esta práctica, difícilmente será erradicada.

El mejor lugar donde un niño o niña debe estar es en la escuela aprendiendo y en su casa jugando, recibiendo amor y cuidados.

Es momento de tomar acciones y dejar de lado la indiferencia frente a una realidad lacerante. Millones de niños a quienes les roban los primeros años de su vida para dedicarse a obligaciones de adulto. Tú, ¿cómo ayudas?

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