Era la madrugada del 19 de marzo de 2010, Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, estudiantes de posgrado del Tecnológico de Monterrey, se encontraban en las instalaciones de la universidad regiomontana cuando en las afueras inició una balacera entre narcotraficantes y el Ejército Mexicano.

Por la mañana, los medios nacionales reportaron un enfrentamiento en la capital de Nuevo León. La nota narró el deceso de dos delincuentes cuyos cuerpos cayeron dentro de los márgenes de la citada institución educativa. El comunicado oficial, que la prensa replicó con orgullo, afirmaba que los sicarios abatidos iban “armados hasta los dientes”.

Días después se supo que los dos individuos ultimados por las fuerzas castrenses no eran delincuentes, sino estudiantes del Tecnológico de Monterrey, quienes nada tuvieron qué ver con la balacera del 19 de marzo. Esos universitarios eran Jorge y Javier. El Ejército, en un primer momento, los habría herido por accidente y posteriormente los ejecutó para no reconocer su error. Las autoridades militares guardaron silencio, sus labios de plomo no emitieron disculpa alguna.

Esta desventurada historia, retrato fiel de la tragedia griega que significó la guerra de Felipe Calderón contra el narcotráfico, motivó a Alberto Arnaut a filmar un documental que permitiera limpiar los nombres de Jorge y Javier, y así, darle un sentido de dignidad a sus recuerdos. El resultado fue Hasta los dientes (2018).

Limpieza de dos memorias

Arnaut es originario de Todos Santos, Baja Californa Sur. Ahí conoció a la familia de Javier Arredondo, quien también provenía de dicha localidad. Cuando Arnaut se enteró de la muerte de los estudiantes le invadió la indignación. En un principio, decidió hacer un pequeño video para desmentir la versión del Ejército, pero conforme avanzó en sus investigaciones se encontró con una irregularidad tras otra. Arnaut comprendió que necesitaba trabajar en un material más elaborado para rearmar los hechos de aquella noche de marzo.

Cuando me encuentro con el expediente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, me doy cuenta de todo lo que hicieron ese día; no sólo los mataron, además los torturaron y les dieron el tiro de gracia y finalmente, les sembraron armas para hacerlos pasar por sicarios. Todo esto para no reconocer su error, para no reconocer que los habrían herido en un primer momento. Hubiera sido mucho más fácil y menos costoso que reconocieran ese error que era entendible en una dinámica de guerra. Pero no, se les hizo más fácil o menos costoso políticamente, intentar desaparecerlos y hacerlos pasar por sicarios.”, comenta Alberto Arnaut, momentos antes de presentar su documental en en el Museo Arocena de Torreón.

En 2011, Arnaut comenzó a grabar las primeras entrevistas como parte del video homenaje que pretendía realizar. En 2014 arrancó la producción del documental a partir de un apoyo económico por parte del IMCINE y una beca de la fundación canadiense Alter-Ciné. Entre 2015 y 2016 se suscita la etapa más fuerte de la producción. Arnaut filmó en cuatro estados de la república: Nuevo León, Coahuila, Baja California Sur y Ciudad de México.

Los principales obstáculos fueron conseguir recursos. Siempre es muy complicado conseguir dinero para hacer una película de estas características. Siempre me preguntan que si tuve algún tipo de amenaza o de limitación por parte de las autoridades, esto realmente eso no existió. Lo que sí tuve fue negativas de algunas autoridades a darnos entrevistas y lo sustituimos con documentos oficiales que aparecen en la película”, infiere Arnaut.

El documental expone contenido muy sensible, duro, pero realista sobre una situación violenta que se ha acentuado en México durante la última década. Presenta una introducción a las vidas estudiantiles de Javier y Jorge, narra el funesto día de la balacera en el Tecnológico de Monterrey y desemboca en las investigaciones y reclamos que activistas, asociaciones, estudiantes universitarios y las propias familias de los acaecidos han hecho.

Para el director, Hasta los dientes ha logrado visibilizar a las víctima y a sus familias a través de la historia. Intenta colocar al espectador en los zapatos de los protagonistas, enganchándolos desde un punto de vista emotivo para que se identifiquen con el dolor que retrata la película. Empatiza con un público que se muestra participativo. Es un trabajo que emerge desde la perspectiva de las familias y de las personas interesadas en obtener verdad y justicia para el caso.

Y una vez que se identifican con el dolor de las víctimas, pasamos a contarles lo que sucedió aquella noche para que lo vean, ya no como un reportaje periodístico u otro tipo de información académica; sino que, utilizando los recursos cinematográficos, el espectador se conecte desde otro lado con estos hechos. Creo que esa es la fuerza del cine y la fuerza del documental”, reflexiona Arnaut.

Este trabajo cinematográfico surge desde un colectivo llamado “Todos somos Jorge y Javier”, desde el cual se logró que se consignase el caso, ya que Arnaut señala que durante mucho tiempo el expediente se estuvo desechado en la PGR.

Logramos que la PGR entregara el expediente en juzgados. Logramos que se detuvieran a tres de los seis militares implicados en el asesinato de Jorge y Javier, que todavía siguen en espera de sentencia, pero estamos en ese proceso y en esa lucha. Lo que sí he visto que ha logrado el documental, una de las exigencias más importantes de las familias, es contribuir a limpiar los nombres de Jorge y Javier”.

Arnaut remarca que de los militares implicados en el asesinato, los tres detenidos aún ejercían en las filas castrenses, se presume que otros dos laboran para el crimen organizado y el último se encuentra en calidad de desaparecido, tal como las 30 mil personas que se permanecen en la misma situación en México.

Desde ese punto de vista, nosotros consideramos que, aunque se les tiene que juzgar por el asesinato de Jorge y Javier, entendemos que esos militares también son víctimas; que son personas jóvenes, pobres, que de alguna forma encontraron en el Ejército una manera de sobrevivir, de tener mejores condiciones de vida y que se les ha obligado a enfrentarse a otras personas también jóvenes, pobres, que han pasado a formar parte de las filas del crimen organizado. Entonces, tenemos una deuda, como sociedad, con estas personas; tanto sicarios como militares son a la vez victimarios y víctimas”, enfatiza.

Actualmente, Hasta los dientes forma parte de Ambulante Presenta y se estará proyectando en diversas urbes del país entre julio y diciembre de 2018; además, participará en el Guanajuato International Film Festival (GIFF).

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