El caso Francisco Ayala

PENSARC

Querido lector, mi maestro, el conocido científico Francisco J. Ayala ha sido expulsado, con fecha 1 de Julio de 2018, de la Universidad de California, en Irvine (UCI), a la edad de 84 años, tras decisión hecha pública hace unos días por Howard Hillman, Rector de la UCI, a resultas de la investigación interna llevada a cabo por la Oficina para la Igualdad de Oportunidades y Diversidad de la UCI, tras la denuncia presentada por parte de cuatro compañeras de su departamento por acoso sexual.

Empiezo manifestando que el recorrido del término ‘acoso’ puede ser muy largo, con casos bien claros en un extremo del segmento, pero mucho más difusos en su interpretación como tal en el extremo opuesto. Las normas de la UCI, al igual que en muchas otras instituciones universitarias y centros de investigación de todo el mundo, pero particularmente las de los Estados Unidos de Norteamérica, son muy estrictas en lo tocante a lo que no puede hacerse, en lo que debe evitarse para, con ello, obviar que alguna Oficina Interna sobre Desigualdad e Igualdad de Género, la misma que ha estudiado el caso del prof. Ayala, tenga que dar por válida y prospere la denuncia de X a Y por acoso. Y esto es lo que ha ocurrido. El prof. Ayala lo deja manifiestamente claro en este pequeño texto resumen que nos ha dejado a libre disposición de sus discípulos, colegas y amigos, para ser utilizado en foros y medios:

“Lamento profundamente que lo que siempre he pensado son buenas maneras de un caballero europeo, tales como saludar calurosamente con un beso en ambas mejillas, o darles un cumplido por su belleza, incomode a las colegas que respeto. Nunca fue mi intención hacerlo. Por otro lado, tampoco deseo ponerlas a ellas, a mi familia y a la Institución bajo un largo proceso de investigación judicial con audiencias y apelaciones. Tengo demasiado respeto a todos ellos y mucho trabajo todavía por hacer. Continuaré mi investigación con renovado vigor y agradezco el apoyo de mis colegas de todo el mundo”.

La ciencia no puede quedarse impasible ante esta decisión porque, aunque parezca un caso más, de entre muchos otros de similar naturaleza, lo cierto es que la resolución de la UCI constituye una ofensa imperdonable no solo al prof. Ayala, sino a la ciencia como Institución, al pretender eliminar de un plumazo un referente internacional de la misma. No es solo que queda afectada muy seriamente la extensa y brillante carrera científica del prof. Ayala, sino también la continuidad del enorme servicio prestado a decenas de científicos de todo el mundo, hombres y mujeres, que han pasado por su laboratorio y que han aprendido integralmente en qué consiste hacer ciencia y bajo qué supuestos debe practicarse, incluidos los éticos.

La reacción de contestación no se ha hecho esperar; de hecho, está en plena efervescencia, empezando por textos escritos por miembros de la UCI dirigidos a múltiples medios, tanto periódicos como revistas científicas, abalados por científicos, hombres y mujeres de todo el mundo, así como por parte, vale la pena mencionarlo aquí, de muchas científicas mexicanas y españolas que han estado trabajando en su laboratorio en algún momento a los largo de los últimos treinta y cinco años y que han querido manifestar públicamente, ya que la UCI no les preguntó, que el trato recibido por Francisco ha sido siempre muy cortés.

De la misma forma que ante muchas otras cuestiones la ciencia debe posicionarse como Institución, también aquí debe hacerlo frente a lo que pasan por ser conductas intransigentes e intolerantes, con inconfesados intereses, dentro de movimientos que, honestamente, aprovechan el beneficio que les otorga la sociedad en general y el poder de los medios de comunicación en particular, en la legítima lucha contra los abusos sexuales y la discriminación por género. Nada que ver con lo que aquí ha ocurrido y por lo que tan injustamente ha sido castigado el prof. Ayala y la ciencia.

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