“Como el flamenco a pie, a mudar descoloridas plumas; como al henequén, a producir espinas”. Éste es un fragmento de “Cantiga”, poesía del libro “Leyendas y cantos” (UANL, 2018), de Beatriz Gutiérrez Müller, la autora comenta a la poesía como “acto de resistencia”, esto implica “una palabra atrapada”, la cual cuando se dice rompe esa resistencia y se observa como instrumento de libertad.

Cuando la poeta habla de instrumento, por supuesto no es cualquiera, se refiere a uno basado en el sentimiento, en la imaginación, pero sobre todo es donde ebulle la creación. Por ello es un “movimiento artesanal”, por dos motivos; el primero porque une ideas a través del uso de pluma, papel, mano y cerebro y, el segundo, porque si bien la poesía es un acto íntimo, cuando se comparte, se recita y escucha con los demas, supone una ceremonia de conviavilidad.

Gutiérrez Müller, nos invita no sólo a leer la poesía, sino hacernos una voz, un escenario de esa resistencia, un nodo de creación y, en ello, encontrar la manera de rescatar la existencia particular y la nacional de los horrores de la pobreza causada por un manicomio mayor denominado capitalismo. De tal suerte hacerse a sí mismo poesía, es convertirse en artesano y trabajar por la posibilidad de desplegar nuestra capacidades técnicas y humanas para asomarse a otra opción para convivir y vivir.

Así como el artesano-escritor hace crujir hoja y tinta, no sólo con sus manos, sino con su rebeldía y resistencia, también existen orfebres de la tierra, aquellos como Andres Manuel López Obrador, quien recorre el país, no sólo dejando con sus pasos y zapatos los caminos de plata, sino también, dando abrazos, escuchando a la gente, sudando por y con los problemas de la país. Él refleja, en su cuerpo y aliento el sentir de la gente, las dolencias, las esperanza, los abismos y los anhelos de aquellos que al estar en la tierra, representan como dicen algunos ese México profundo que ni el PRI, ni el PAN por su clasismo e indiferencia conocen.

Cuando López Obrador, observa los rostros, acaricia las arrugas, huele el viento de cada lugar, pernocta en las noches y escucha los sonidos de cada pueblo, barrios y colonia, se convierte en ese artesano, que no sólo es capaz de percibir las necesidades de cada calle y casa, sino también imaginar en dónde pondrá un pozo, en dónde estará una escuela, dónde se ubicará la estación de trenes, es decir, imagina sus propias creaciones como artesano, pero también invita a que las personas de cada territorio visitado, se conviertan también en artesanos, es decir, generar su modelo de desarrollo, su lógica y por supuesto enmendar y remendar el tejido social.

De tal suerte Beatriz y Andrés, Andrés y Beatriz, como artesanos, han invocado –con o sin conocerlo –el pensamiento del sociólogo estadounidense Richard Sennett, quien aprovecha el trabajo artesanal para juntar las herramientas y los materiales y con ello crear algo nuevo desde los valores de la disciplina y la originalidad, pero también desde lo que tanto el presidente electo y la primera dama quieren, es decir, lograr que cada uno al compartir la vida en el taller, el hogar, la escuela, la calle o el parque realicen las políticas de cooperación y la construcción de una comunidad ciudadana, donde lo público sea en sí mismo un lugar para la paz y la solidaridad, si se logra eso, estamos en el comienzo de una nueva nacion y frente a las victorias del artesano.

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