Por: Roberto de la Madrid

El problema del dólar no es que sea malo como tal. Como dinero, es una herramienta de intercambio y adquisición.

Así, el papel, el símbolo “$” y su valor no tienen problema, el verdadero problema del dinero es su emisor, quien lo controla, quien lo emite, quien lo factura y quien lo imprime, porque es quien pone las condiciones por tener dependencia a su sistema.

En una analogía burda, veamos al dólar como un estadio de futbol, donde se libran batallas de intercambio para ganar y perder, los competidores necesitan esa cancha para jugar el juego de la vida comercial, pero el problema no es el estadio de futbol (o sea el dólar), sino cuando se fijan sus reglas y condiciones, y quién las fija, o sea el dueño.

El problema son las políticas y decisiones de los impresores del dólar: públicamente la Reserva Federal (Fed) o Estados Unidos, y detrás, las grandes corporaciones mundiales que dictan qué nivel de impresión de billetes y a qué porcentaje deben estar en Estados Unidos, las tasas de intercambio de confianza, es decir de crédito, con lo que controlan el flujo de capital, o sea el flujo de intercambio de dólares-mercancía-servicios y con lo que hacen florecer o hundir economías, ya sea de empresas o países. Hoy las tasas de Estados Unidos suben, el peso o la lira descienden en México, Argentina o Turquía.

Así, depender del dueño-emisor del billete es la peor trampa económica, porque tu partido de futbol, es decir, tu país o negocio, dependerá de las reglas que imponga el regulador: la mentada Fed.

Comprendido esto, se entiende por qué a Vladimir Putin y a Xi Jinping, presidentes de Rusia y China, respectivamente, les urge independizarse del dólar. Es por ello que en su reciente cumbre, diseñaron una estrategia con la que dicen, tratarán de vencer al dólar o por lo menos su dependencia.

El billete de la pirámide de Egipto con el ojo que todo lo ve, es incómodo porque su valor no lo dicta quien más tenga billetes, sino como explicaba, el dueño del estadio -“que todo lo ve”. Así que si vamos a tener un partido de fútbol entre nosotros, para qué alquilar un estadio ajeno, juguemos en nuestra calle, es lo que prácticamente están haciendo China y Rusia, y que hoy quieren potencializar; en los últimos años su comercio, aunque en muy bajo porcentaje, lo han hecho con monedas propias.

Rublos y yuanes cantaron así el año pasado: China pagó el 9% de lo que compró a Rusia, en rublo constante y sonante, y Rusia pagó el 15% de lo que compró a las empresas chinas, en yuan, también en activo vivo.

En la reunión en Pekín, Putin y Xi, acordaron reforzar más este mecanismo ¿Cómo? Prometieron incrementar los negocios, empujando a las empresas a que hagan sus operaciones en rublo-yuan y no en dólar, y creando más fuentes de cooperación conjunta para que en lugar de comprar o comerciar con otros países, el dinero se quede en casa de dos.

Este es el plan de los dos grandes que encabezan la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), que en su otra reunión en Quingdao, China, no desaprovecharon para reírse de las fracturas que está sufriendo su contraparte, el G7, el grupo de las economías más poderosas del planeta.

Criticaron a Trump por su egoísmo nacionalista-proteccionista del “America First”, y prometieron luchar contra sus intenciones. Con gran espectáculo de luces, la ciudad recibió a los 8 países de los que algunos llaman la OTAN de oriente: Rusia, China, India, Paquistán, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. El G7 tiene más del 60% de la riqueza del mundo, muy por arriba de la OCS. Pero la OCS, tiene el 44% de la población mundial. El G7, el 11%. Es la ecuación de la tristeza, con la que el mundo en el futuro, quizá tendrá que escoger entre la China depredadora que mata de hambre a las empresas (al bajar los costos de producción donde nadie puede competir) o el Estados Unidos represivo a base de guerras y armas.

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