Condicionamiento social

Aline Nava

En algún momento se han preguntado sobre el condicionamiento social, ese, que como principal característica tiende a condicionar de distintas maneras el comportamiento de los humanos, y para nada que hablo de las reglas que regulan las actividades de los humanos como las leyes, ya que, ellas regulan las acciones de los humanos para poder tener una convivencia sana.

No, yo no hablo de ese condicionamiento, existe otro tipo de condicionamiento social, uno que no está escrito pero que va con nosotros día a día, y que por más que tratamos de alejarnos no podemos.

Alguna vez han observado a una familia que está esperando un bebé, pues bueno, esta familia ya se encuentra planificando el futuro del bebé, solo piensen en esto, el nuevo bebé está por llegar, mamá y papá ya le pusieron un nombre, ya saben a qué religión pertenecerá, están seguros de que asistirá al colegio que obtendrá buenas notas, después asistirá a la facultad y se recibirá y por último se casará con una fantástica persona, tendrá hijos y morirá.

Prestemos atención, ni siquiera hemos nacido y ya hay personas que están planeando como influir en las decisiones de NUESTRA vida, ya están imponiendo sus propios deseos sobre los nuestros, y yo me pregunto, ¿esa vida ya planeada es la que quiero?

Debo de poner los deseos de los demás antes que los propios para no ser criticado o rechazado social mente, porque, si algo es seguro es que todo aquel que no está acatando lo establecido se convierte en el mal elemento, el distinto, el raro y en ocasiones el despreciado. Todo aquel que no sigue las reglas sociales está mal.

Y, ¿Qué implican estas reglas? Es simple, todo lo que implican es un vacío emocional, una pérdida de interés por realizar nuestros propios sueños y en eso no solo perdemos el deseo de soñar y la fantasía de ser felices sino que nos convertimos metafóricamente en lámparas mágicas; siempre cumpliendo deseos a los demás pero nunca  capaces de cumplir los nuestros.

Al final solo somos entes frustrados, llenos de sonrisas falsas y metas cumplidas erróneamente.

Así que Dejare esta pregunta abierta para que individualmente nos paremos frente al espejo y nos cuestionemos ¿El condicionamiento social vale más que mi felicidad?  .

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