Es importante entender qué es lo que está sucediendo hoy en día en nuestro país, cómo se han conformado las fuerzas políticas que hoy se disputan el poder, y qué es lo que cada una busca. Lo que está en disputa son modelos económicos distintos y hasta opuestos, y cada bando defiende su modelo propuesto como el único que puede funcionar.

El problema viene desde los años 40, por lo que hay que remontarnos al tiempo de Miguel Alemán (1946-1952). Al principio de este sexenio había una fuerte inflación y se pensaba que ésta era debida a que salían del país más divisas de las que entraban, ya que había demasiadas importaciones y pocas exportaciones. Esto fue un diagnóstico equivocado que ocasionó la política que se llamó “sustitución de importaciones” y que consistió en prohibir o encarecer dichas importaciones para fomentar el desarrollo de la industria nacional, que en aquél tiempo era sumamente básica y primaria.

México no era un país industrializado en absoluto. En los tres sexenios siguientes, es decir, los de Ruiz Cortínez, López Mateos y Díaz Ordaz ocurrió lo que los historiadores llaman Desarrollo Estabilizador o “Milagro Mexicano”. Este es un nombre muy engañoso y que ha hecho creer a muchos que se trata de una época dorada en la que todo estaba bien, pero no fue así. Es verdad que había estabilidad política y monetaria, con un control total del Estado en la economía y el proceso de industrialización, bajo el sistema que se lama “keynesianismo”.

Es lógico que al industrializarse masivamente un país haya crecimientos importantes del PIB, pero ese proceso tiene mucho ver también con la situación del mundo en esa época, y no sólo con las políticas proteccionistas y keynesianas mexicanas. Pero la desigualdad, la pobreza, el analfabetismo, etc, seguían siendo abismales, y sólo fue una época dorada para una minúscula porción de la sociedad. Y no solo esto, sino que el modelo colapsó completamente en los 70, pues no se pudo ya seguir sosteniendo artificialmente la estabilidad monetaria, la deuda era ya inmensa, y la planeación centralizada del Estado había fallado completamente en proveer lo que la población demandaba, entre otras fallas.

En los sexenios de Echeverría y López Portillo (1970-1982) sólo se agravó la cosa, por políticas populistas tras una abundancia petrolera, y, en fin, el precio de esas políticas proteccionistas fueron dos décadas de crisis, la cual llegó a ser realmente aguda entre 1982 y 1988, bajo Miguel de la Madrid.

Fue entonces que se cambió a un modelo liberal, al que la oposición llamó, despectivamente, “neoliberal”. Naturalmente, no se puede decir que se aplicó a la perfección el modelo liberal. De hecho, nunca se dejaron por completo los elementos keynesianos o socialdemócratas. Pero sin duda sí hubo un viraje hacia el liberalismo, la globalización, la democracia, la apertura de los mercados, la competencia, etc. Y es entonces cuando sí ocurrió algo más cercano a un “milagro mexicano”, pues si bien las tasas de crecimiento no fueron tan altas como en las décadas anteriores, sí fue un crecimiento mucho más sólido y estable, y con una repartición de la riqueza mucho más equilibrada, lo cual ha hecho crecer el PIB per capita cuatro veces desde 1988, y engrosar la clase media a niveles que jamás se habían visto en la historia de México.

Fue tal el trauma que dejaron los veinte años de crisis en que desembocó el “desarrollo estabilizador” y el populismo de los 70, que para la mitad de ese período de crisis, es decir, en 1982, prácticamente todos los sectores del país estaban de acuerdo en la urgencia del cambio de modelo. Todos, excepto un grupo de ideólogos de la vieja escuela keynesiana, que habían quedado relegados dentro de su propio partido, el oficial, gracias a los aires de cambio. Encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas, finalmente se salieron del PRI y fundaron el PRD, para competir contra Carlos Salinas en las elecciones de 1988, ofreciendo resistencia al “neoliberalismo” y prometiendo volver al viejo modelo proteccionista-autoritario, aunque sin usar esos nombres. Así es como nació la llamada izquierda mexicana actual, que ha ido radicalizándose desde entonces y acercándose más y más al autoritarismo nacionalista (usualmente considerado de “derecha”).

A partir de 1988, pues, la lucha fue entre el modelo liberal y de sociedad abierta, con el modelo retrógrada proteccionista-keynesiano de sociedad cerrada y dirigida completamente por el Estado. Esa es la gran lucha que hoy vemos. Los únicos partidos que en 2018 están mirando hacia el pasado son Morena, PT y PES, aliados en la coalición “Juntos haremos historia”.

El PRD, que era quien originalmente encabezaba esta lucha, tenía dentro un ala de izquierda liberal, que es la que prevaleció al salir el ala autoritaria para conformar Morena. Y así, el partido viró hacia el centro, al punto de haberse aliado con el PAN en la coalición “Por México al Frente”. Y en alianza con el PRI están el PVEM y Nueva Alianza, en la coalición llamada “Todos por México”. Entre los que promueven un avance y no un retroceso, esto es, los que creen en el liberalismo y hacen oposición a los partidos de “Juntos haremos historia”, tienen diferencias importantes, pero también semejanzas, y es por eso que la propaganda de la llamada izquierda les llama “el PRIAN” o “la mafia del poder”, sin distinción alguna entre partidos.

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