Por: Roberto de la Madrid

Un aroma de tranquilidad refresca las ideas al sentir el viento del verano y oler los verdes parques y prados. La gente juega bádminton, camina, hace picnics o toma café en los hermosos bistrós.

Hasta se puede ver una pareja de viejitos montados en su patín del diablo motorizado. Muy lejos de las ciudades de países subdesarrollados, aquí huele a tranquilidad: circulan los flamantes Mercedes Benz, los trabajadores de limpia con trajes impecables o la máquina reparadora de asfalto usa un tapete para no ensuciar la calle. Me encuentro en Berlín viendo a toda esta gente muy lejos de la tragedia que en este momento viven otros millones de seres humanos.

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No es posible que mientras disfruten este alto nivel de vida europea, haya 13 mil heridos en la Franja de Gaza, cientos de muertos y el indignante homicidio de una enfermera palestina que por querer curar a un herido, un francotirador israelí le metió tremendo disparo tal como reportan los medios del mundo; y nadie diga nada.

¿No es obligación del alemán, y de todo el que vive bien en cualquier país, sea mexicano o argentino, levantar la voz para defender al oprimido y protestar para detener el sufrimiento de otros? Claro que sí. Porque ese alemán comiendo caviar debe estar agradecido que la suerte genética lo trajo a este país con condiciones premium, y en cambio si hubiera nacido en Gaza, en este momento no estaría comiendo caviar sino quizá protestando por justicia y siendo matado por Israel. Pero no, por el contrario veo alemanes ajenos, apáticos o ignorantes que no les importa si sus impuestos o si su gobierno solapa lo que hace Israel.

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Mientras Israel mata con todo su poder a los palestinos y se le critica en la propia ONU, aquí, en frente de mí, la canciller de Alemania Angela Merkel, recibe con honores al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu (el mismo que ha ordenado la brutal represión contra el pueblo palestino). Y para colmo, la canciller alemana le dice a Netanyahu: “es un gran regalo de la Historia el hecho de posar junto a un dignatario de Israel tras la Shoah y 70 años después de la creación de un Estado cuya existencia es para Alemania razón de Estado”.

Estoy parado frente al Muro de Berlín, donde se asombran de la tragedia que dejó la segunda Guerra mundial: matanza de judíos y una alemania dividida, y donde también celebran que afortunadamente la época de los muros ya pasó, que cayó y se destruyó el muro. ¿No es hipócrita? Ya que en este mismo momento se alaba el muro de concreto y alambre que tiene partida en dos Palestina y que significa sangre y represión. ¡Ah! pero no se toque a un europeo o judío porque se hace tremendo escándalo… pero si se mueren palestinos o latinoamericanos, no pasa nada. Señor Donald Trump: aquí en Berlín venden pedacitos de muro como souvenir, ¿cuándo veremos lo mismo con el de concreto que está en Gaza y Palestina? Perdón me equivoqué de destinatario, a usted le gustan los muros, que dicho sea de paso una empresa de Israel está interesada en construir el de México.

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