Por: Alfredo Jalife-Rahme

Los cronogramas de la historia suelen ser traviesos: con solo 2 días de interludio se escenifican 2 relevantes cumbres que delatan y posicionan las coordenadas del nuevo orden global del siglo XXI, en un escenario idílico sin guerras. A mi juicio, las 2 cumbres está n interconectadas.

Por un lado, la Cumbre del Grupo de Shanghái encabezada por China —a la que Rusia se adhirió hace 22 años y varios países centroasiáticos, e India y Pakistan en 2017 (http://bit.ly/2JAFg0D).

Por otro lado, la cumbre anunciada/cancelada/reanudada entre Trump y Kim Jong-un, mandatarios de Estados Unidos y Norcorea, en la Ciudad-Estado de Singapur —la mayoría étnica china (74%), con 6 millones de habitantes— situada estratégicamente en el Estrecho de Malaca: uno de los principales “puntos de estrangulamiento (choke points)” de travesía de mercancías entre el Océano Índico y las 3 potencias geoeconómicas del noreste asiático: China, Japón y Sudcorea.

En Sputnik aduje que detrás de la aparente guerra comercial entre Estados Unidos y China se encuentra el contencioso nuclear de Norcorea (http://bit.ly/2Jh4Mc3).

El embajador de Estados Unidos en Alemania, Richard Grenell, confesó que durante la cumbre en Mar-a-Lago, Trump rogó al mandarín Xi que lo ayudara a resolver el contencioso nuclear con Norcorea (https://bit.ly/2HhzZG9), lo cual, de paso, le podría brindar su anhelado premio Nobel de la Paz que le daría intensa oxigenación en vísperas de las cruciales elecciones el primer martes de noviembre cuando el cordón judicial cada día aprieta más el cuello del atribulado Trump.

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