Por: Michel Rosengaus

No deja de resultar misterioso para el ciudadano común cómo se forman las tormentas convectivas, muy típicas en el Valle de México en esta temporada. Después de una bella mañana soleada y calurosa, abruptamente se forman nubes que parecen no venir de ningún lado del exterior del Valle y poco después tenemos lluvias fuertes con rayos y a veces con granizo. Tratemos de quitarle lo misterioso a este proceso.

Para que se presenten tormentas de este tipo necesitamos que la humedad en la parte baja de la atmósfera sea suficiente, humedad, que se manifiesta como una cierta concentración de vapor de agua en la misma. Pero esta humedad es invisible, el vapor de agua es transparente a la vista. Después, necesitamos que se presente algún mecanismo por el cual este aire húmedo se eleve hacia niveles más altos de la atmósfera.

El mecanismo puede ser la convergencia de corrientes de aire en la superficie o el forzamiento de una corriente sobre un obstáculo orográfico. Pero más común sobre la Ciudad de México es el calentamiento de este aire por su contacto con las superficie urbanas que reciben la radiación solar, formando burbujas de aire caliente que tienen cierta flotación con respecto al aire que las circunda. Sea cual fuere el mecanismo, al elevarse el aire, reduce la presión a la que se encuentra y se enfría.

El aire frío puede mantener una menor concentración de vapor de agua en solución que el aire caliente. Así que a cierta altura, la humedad presente originalmente satura a este aire ahora enfriado y el vapor de agua se comienza a condensar en pequeñísimas gotículas de agua, que es cuando podemos empezar a ver las nubes, todas ellas con sus bases a la misma altura sobre el fondo del valle. El calor que originalmente se invirtió en evaporar el agua, en dicho momento de condensación, se cede nuevamente al aire circundante, dándole flotación adicional y continuando su camino ascendente.

Además de seguir condensándose cada vez más del vapor presente, las gotículas de agua empiezan a golpearse aleatoriamente una con otras, creciendo de tamaño. La flotación mencionada produce la entrada a la nube de tormenta, de una corriente de aire húmedo de la superficie, que mantiene a todas estas gotículas suspendidas (no cayendo) hasta que el tamaño de las gotas les da un peso que ya no puede ser suspendido por la corriente ascendente y empiezan a precipitar.

En este momento la conglomeración de muchas gotículas en un número menor de gotas más grandes se acelera, porque diferentes tamaños de gotas caen a diferentes velocidades. Eventualmente el movimiento descendente se generaliza y se acelera, creándose una corriente de aire fresco (pues viene de altitudes mayores) que desciende rápidamente junto con la precipitación. Frecuentemente esta corriente descendente contrarresta a la corriente ascendente original y limita la vida de una sola celda convectiva a unos 30 a 45 minutos.

El agua de las gotas cae y se acumula en el suelo produciendo frecuentemente intensidades de lluvia superiores a 25 milímetros por hora (es decir acumulaciones de 25 litros de agua sobre cada metros cuadrado de la superficie por cada hora que se mantenga lloviendo así), pero el aire de la corriente descendente al acercarse al suelo se abre como un gran abanico, creando fuertes corrientes horizontales de aire alrededor de la zona de precipitación.

Todos hemos mencionado “ya va a llover” cuando percibimos una de estas corrientes frescas y húmedas arribar al sitio en el que estamos, misma que captamos con nuestra piel, nuestra vista y hasta nuestro olfato. Ocasionalmente, estas corrientes de aire pueden soplar a velocidades de hasta 100 km/h y derribar anuncios publicitarios y árboles en la ciudad. Éstas mismas corrientes de aire, de hecho, pueden promover la formación de nuevas celdas convectivas, que pueden mantener la duración total de la tormenta por arriba de los 30 a 45 minutos mencionados. Otros efectos de las tormentas, como el granizo y las descargas eléctricas, así como la parte de los cristales de hielo en la parte superior de la tormenta, tendrán que esperar a otra ocasión. Mientras tanto, piensa en este complejo proceso, la próxima vez que veas llover.

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