Por Kimberly Armengol Jensen

La diferencia puede ser mínima, un papel, un contrato de amor de por vida, pero ¿qué vale más un contrato de amor o una promesa de amor? Definitivamente es complicado dilucidar esta incógnita. Los puntos de vista son opuestos. Por un lado, quien simpatiza con el matrimonio evoca un compromiso mayor, una garantía de un amor de por vida fincado en las tradiciones, en el deber ser y de cumplir socialmente. Por otro lado, tenemos un compromiso de amor, donde la confianza es ese contrato y dónde cada uno se puede marchar cuando así lo desee, sin mayor atadura que una promesa.

¿Qué es mejor? Probablemente es una elección personal, la que más se ajusta a tus necesidades. Cómo ir por unos zapatos donde escoges los que te van mejor de acuerdo a tus gustos, presupuesto y necesidades de uso. En la actualidad, son cada vez más las parejas que optan por vivir juntos para probar si son compatibles, para dar un primer paso para afianzar la relación o para que cada quien tome su camino si las cosas no salen bien. Aquí la libertad individual es fundamental, la libertad que es uno de los privilegios más sagrados que tenemos.

De acuerdo con INEGI, entre 1990 y 2015 la proporción de casados disminuyó de 4 por ciento a 1.6, mientras que los que viven en unión libre aumento: se duplicó de 2.5 a 5 por ciento.

Por otro lado se encuentra el matrimonio, la opción para dar seriedad y afianzar un compromiso ante la pareja y la sociedad. Una unión legalizada y santificada que representa para muchos y muchas su anhelo más grande y el sello final de su pasaporte del éxito. ¿Qué sucede después? ¿Qué las hace diferentes?, una es una versión light de la otra o un ensayo frente al experimento; una da certezas jurídicas inmediatas, la otra no. Eso es todo.

Postdata

No puedo dejar de indignarme por lo sucedido con la Selección de Futbol rumbo al Mundial de Rusia. Nuestras estrellas determinaron que “merecían” una sesión de placer con damas de compañía antes de partir. Por supuesto, fue nota y la comidilla en todos los sectores. Lo que me parece asqueroso, indignante y vil es exhibir a las esposas de estos “galantes” jugadores (quienes, en estricto sentido, estaban en su tiempo libre). Volver a victimizar a la víctima, un show mediático donde tenemos que conocer los detalles de una mujer que está pasando por un episodio vergonzoso y que ella no es figura pública ni tendría porque estar en la boca de nadie.

Continuemos nuestra conversación por redes, los espero en @kimarmengol…

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