Considerada como la número 40 en la lista de las 100 mejores películas del cine mexicano publicada por la revista SomosLos confines (1987)  es una película dirigida por Mitl Valdez y producida por la UNAM, que se origina a partir de textos de Juan Rulfo adaptados por el mismo director. El filme, que incluía actuaciones de María Rojo, Patricia Reyes Spíndola y Ana Ofelia Murguía obtuvo cuatro nominaciones a los Premios Ariel y fue incluida en la sección “Panorama Especial” de la Berlinale en 1995.

A pesar de ser completada en 1987, la quiebra de la distribuidora encargada del filme retrasó su estreno hasta 1991. Desde sus primeras obras, Al descubierto (1971) y Tras el horizonte (1984), Valdez se veía muy influido por la obra de Juan Rulfo. En esta ocasión toma los cuentos “Diles que no me maten” y “Talpa”, ambos parte del libro El llano en Llamas. Para conjuntar en la pantalla ambas historias, Mitl Valdez tuvo la idea de añadir algunos fragmentos de un capítulo de Pedro Paramo. La parte añadida es aquella en que Juan Preciado se encuentra con dos hermanos que llevan una relación incestuosa, siendo esta relación entre hermanos la que parece hilar ambas historias.

Investigando un poco más sobre el filme descubrí que Carlos Bolado fue el encargado del departamento de sonido. Al parecer, el director comenzó trabajando en audio, con apenas un par de créditos, antes de convertirse en uno de los cineastas contemporáneos más reconocidos de México, con producciones como Bajo California (1998), Promesas (2001), Sólo Dios sabe (2006), Colosio: el asesinato(2012), Tlatelolco, Verano de 68 (2013) y la serie de televisión La Hermandad (2016).

El director dialogando con algunos actores

La heróica tarea de adaptar

Las historias de Rulfo son difíciles de llevar a la pantalla; algo que queda claro al dar un repaso a las adaptaciones (la mayoría de ellas francamente decepcionantes) que de su obra se han hecho para el cine. Los confines, por otro lado, ha sido considerada una de las mejores adaptaciones de Rulfo. En mi análisis del filme, concentrado especialmente en la segunda parte (la que está basada en el cuento “Talpa” y considero mejor lograda), relaciono la obra con las ideas manifestadas por el semiólogo Roland Barthes en su libro S/Z.

Con base en este texto podemos entender la dificultad que representa el trasladar una obra literaria al cine. Esta misma dificultad llevó a los realizadores a abusar en la utilización de la voz en off como principal apoyo, algo que era común ver en películas mexicanas que adaptaban obras literarias como las cintas Los bienamados (1965) y El rincón de las vírgenes (1972), adaptadas de textos de Juan García Ponce y Carlos Fuentes, respectivamente.

Barthes señala que el discurso literario, aun siendo de corte realista, no puede tener una verdadera responsabilidad para con lo real, pues el referente no tiene realidad fuera del texto en sí. Para Barthes, lo real literario (denominado por él “lo real novelesco”) se considera un código de representación (significación) y no un código de ejecución (operación) que pueda formularse de manera literal en la realidad; lo real novelesco no es, pues, ejecutable, sino representable. Esto puede explicar el destrozo que sufren algunos textos literarios al ser llevados al cine, es decir, al intentar trasladar el texto desde un sistema de sentido a un orden de operación.

En mi opinión, hay un desequilibrio muy marcado en el filme entre algunos elementos de representación que se ejecutan muy bien y que conciernen a la ambientación y la banda sonora, principalmente; y otros elementos que se quedan en el plano de la significación y que obedecen a la voz en off, que nos cita casi textualmente los cuentos de Rulfo, sin separase, así, del sistema literario para trasladarlo a un sistema de ejecución.

Primera parte, basada en "Diles que no me maten"

La creación del ambiente

En cuanto a los elementos que se transfieren de muy buena manera al lenguaje fílmico, podemos encontrar primeramente el sonido y la música, que corrieron a cargo del ya mencionado Carlos Bolado y Antonio Zepeda, respectivamente. Mitl Valdez se enfocó en crear una atmósfera digna del imaginario de Rulfo y debo decir que realizó un muy buen trabajo, pues la ambientación es una de las características más valiosas del filme. 
La música de registros étnicos, casi siempre con sonidos de flautas, tambores y cascabeles ayuda a reflejar ese ambiente árido y opresivo propio del universo rulfiano. Hay que señalar también la inclusión de ciertos sonidos, como el de joyas o metales cayendo, que se repiten en los encuentros amorosos entre el hermano de Tanilo y la esposa de este, en la parte correspondiente a “Talpa”, o el sonido sibilante propio de la víbora de cascabel que habita las tierras áridas y desérticas.
Fuera del apartado de sonido, hay otras cosas que se representan de manera formidable en el filme. Por ejemplo, en el caso de “Diles que no me maten”, la reiteración de la huida del personaje, que da la impresión de ser eterna. O, en el caso de “Talpa”, presenciamos como la sombra de Tanilo, que se menciona en el cuento, y que separa siempre a los amantes que lo han traicionado y llevado hasta la muerte, se representa a través de su voz que les llama o de su foto en la pared, que les estorba y no los deja estar en paz. 
En las escenas de la procesión, cuando estamos asistiendo al deterioro de Tanilo, se nos connota toda esa podredumbre y esa muerte a través del intenso zumbido de las moscas. La marcha bajo el intenso sol nos da una sensación de infinitud y la idea de querer cruzar a toda costa el día, para llegar al fin a la noche, que traerá el anhelado descanso, logra transmitir el sentido del cuento: todos vamos en una procesión, de paso en una marcha angustiante hacia la muerte, que nos dará el descanso que pueda aliviarnos. 
Me llama la atención que una de las imágenes más ejecutables del cuento, seguramente a causa de lo fuertes que podían resultar, se haya suprimido en la adaptación, me refiero a la parte en que Tanilo, en pleno rapto eufórico, comienza a danzar y a darse azotes, segmento muy gráfico, que en el cuento impresiona por su fuerza y que llevado a la pantalla pudiera haber causado una impresión demasiado repulsiva.

Segunda parte del filme, basada en "Talpa"

Verbalización visual

Por último, resta señalar lo que para mí es la gran falla de la adaptación: el uso excesivo de la voz en off, que se encuentra presente en la mayor parte del filme.Algunos de los analistas del filme lo excusan con el argumento de que la finalidad de la película es la de facilitar el acercamiento de la gente a la lectura de la obra literaria, para lo cual el apoyo de las imágenes sirve demasiado.

Otros mencionan el respeto que el director le tenía a la obra de Rulfo, respeto que lo llevó a ser tan fiel a la hora de representarlo, y que se nota en el hecho de que a lo largo del filme se puede escuchar, por medio de la voz en off, el cuento en casi toda su totalidad. Lejos de justificar algo, estos argumentos dejan en claro la ambición vacilante del director, así como la falta de una propuesta original que logre aportar algo más al texto, que acaba por ser algo cercano a una verbalización con apoyo audiovisual.

La película funciona de acuerdo a sus objetivos y es innegable su valor estético y de ambientación, sin embargo no puedo evitar señalar lo que, en mi parecer, no puede ser sino una carencia. Carencia que además se ha manifestado en varias ocasiones a lo largo del cine mexicano que se basa en textos literarios. Quizá este tipo de películas funcionen mejor para los espectadores que desconocen el texto original y que desean un acercamiento a la lectura sin leer realmente algo. De cualquier forma, me quedo con las ganas de ver adaptaciones que muestren una mayor ambición y que decidan enfrentar el reto de llevar lo representable a lo ejecutable.

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