Por: Roberto de la Madrid

Es de noche, se escucha un canto. La gente, en las casas, lugar de trabajo o donde esté, se pone alegre. Hay movimiento. Se apresuran, algunos traen el té, otros los dátiles y nueces. Se siente cómo se ponen felices. El tiempo se detiene y se comienza a escuchar el sonido del sorbo y el ruido del comer, mientras la conversación crece. Es un espectáculo de sensaciones en un ritual para matar el hambre. Están desayunando. Tenían desde las 4 de la mañana sin probar bocado y sin tomar una gota de agua.

Dieciséis horas y media en total ayuno. Por eso es que a las 8:30 de la noche se ponen felices, se siente en el aire. Es Ramadán, el periodo de un mes donde los musulmanes dejan de comer durante el día a partir del amanecer y vuelven a comer hasta que se pone el sol, cuando está oscuro. Así, en ayuno, trabajan, estudian o duermen para ganarle tiempo al sufrimiento; algunos se levantan antes de las 4 de la mañana para comer mucho y resistir todo el día, aunque después vuelvan a dormir. Durante todo el día, todos los restaurantes están cerrados, no hay dónde comer, ni se puede ni se debe comer. Es por ello que a partir de las 8 de la noche, huele a comida.

La gente sale a las calles, y los restaurantes están abiertos toda la madrugada. En los parques, en las casas, en la terraza de restaurante o fonda —depende el presupuesto—, la gente come. Se ve iluminado, con foquitos, con adornos, es una sensación que podría ser similar a la de Navidad para nosotros, cuando la gente se reúne alrededor del alimento. Es por eso que hace dos semanas escribí aquí Feliz Navidad, para dejarlos a ustedes en suspenso (solo que se atravesó lo de Venezuela). No obstante, estamos a mitad de Ramadán que dura 30 días y es movible según la luna.

Una práctica que emerge de las religiones abrahámicas, el Judaísmo y el Cristianismo también tienen su ayuno, aunque cada vez se practique menos. Quizá lo molesto para los que no hacen ayuno, es que sea obligatorio por ley aquí donde vivo, en la República Islámica de Irán, donde la policía te puede multar, arrestar o quizá dar latigazos, si te ve comiendo en la calle, además de que también clausuran el restaurante.

Esta costumbre depende del país islámico. Por ejemplo en Turquía, cada quien es libre de comer o hacer el ayuno. Ahí los restaurantes están abiertos normalmente. Aquí en Irán, la opción para no arriesgarse es esconderse en su casa para comer, ahí nadie dice nada. La creencia dice que todos los musulmanes deben ayunar, a menos de que estén enfermos, estén de viaje, las mujeres tengan periodo, o sean niños pequeños. Aunque hay muchos que no lo hacen, ayunar significa para los practicantes, demostrar a Dios que pueden controlar las tentaciones, además de que purifican su cuerpo.

Aquí unas fotos que tomé para ustedes en diferentes puntos de Irán. Como esta vez, en esta columna no abordo tema relacionado al que toqué esta semana en mi programa de televisión, les recomiendo que vean el de las amenazas mutuas entre EEUU y Siria. Está bueno, sobre todo cuando hago reír a uno de los analistas:

79 En otro mundo 02
Mesas se colocan en aceras donde se da cita la gente durante toda la madrugada.
79 En otro mundo 03
Selfie: un servidor con una familia iraní comiendo tradicionalmente en el suelo sobre alfombra persa. Kebab: pollo o carne macerada servida en forma de brocheta.

Crédito: Roberto de la Madrid.

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