Por: Hans Joachim Hepke

Cada madre se emociona con el primer sonido de su bebé, que parece tener un entendimiento común. Madre e hijo casi desarrollan un código especial con el que se comunican. ¿Qué padre, no se lleno de alegría y orgullo cuando su hijo le dijo por primera vez “papá”? El contacto verbal de los padres con su bebé después del nacimiento es primordial. El bebé patalea emocionado con sus piernas y estira sus pequeños brazos hacia los padres llenos de alegría, su bebé puede comunicarse con ellos, y los llamará “Mamá” y “Papá”. En las siguientes semanas lo intentarán una y otra vez para obtener las dos palabras clave “Mamá” y “Papá”. Dos palabras que conectan a tres personas que definen una comunidad íntima en particular. Pero… ¿qué tan rápido se convierte esto momento en rutina y pierde su encanto? A más tardar, cuando un niño a la edad de dos o tres años hace preguntas agudas y recurrentes que, en su opinión, simplemente tiene que preguntar, la comunicación, que una vez fue fascinante, sufre una interrupción importante. ¿Recuerdas cuando le preguntaste por primera vez a tu hijo si podría estar tranquilo, por favor? Para nosotros los adultos es una reacción aparentemente normal, pero para el niño es una prohibición literal de explorar le vida y participar en la precepción de la comunidad. Y hay otras acciones contraproducentes no solo por parte de los padres, sino más extremas por parte de los educadores de kindergarten y los maestros de la escuela. En realidad, cada comunidad vive del intercambio mutuo de ideas, pero esto solo puede tener lugar en la escuela de manera planificada. El maestro planea “su” discusión en clase y solo espera respuestas específicas. Todo lo demás se rechaza como una disrupción. La creatividad no es deseable si no se ajusta al esquema de las expectativas. Las formas valiosas de comunicación, como los grupos de discusión se perciben como momentos perturbadores porque están conectados con una comunicación incontrolable, ya que es espontánea. El papel del interlocutor en el hogar es asumido por los juegos de computadora, consolas, tabletas, celulares, con los que no hay disputas, solo aprobación. La soledad mental de nuestros adolescentes ha asumido excesos extremos. La alienación de familia es aterradora. Hace un tiempo, cuando le pregunté a un padre si sabía si su hijo estaba feliz, me dijo: “¿Como puedo saber eso? ¡El no me habla!” Me miró con sorpresa cuando le pregunté, si todavía sabía dónde y cuándo su hijo le dijo “Papá” por primera vez. ¡Cuando dejamos de comunicarnos, perdemos las almas de nuestros hijos!

Hasta la próxima semana con “Cómo hablamos (o deberíamos) el uno con el otro”

Kommunikation in Schule und Familie

Jede Mutter freut sich über den ersten Laut ihres Babys, der scheinbar eine gemeinsame Verständigung zum Ziel hat. Mutter und Kind entwickeln beinahe einen Spezialcode, mit dem sie sich verständigen. Welcher Vater ist nicht überglücklich und stolz, wenn sein Kind zum ersten Mal „Papa“ sagt! Die verbale Kontaktaufnahme der Eltern mit ihrem Baby ist nach der Geburt der größte nächste Höhepunkt. Das Baby strampelt ganz aufgeregt mit den Beinen und reckt die kleinen Ärmchen den überglücklichen Eltern entgegen, die mit unterdrückten Tränen registrieren, dass ihr Baby nun mit ihnen tatsächlich kommunizieren kann, dass es sie Mama und Papa nennen kann. In den folgenden Wochen werden sie immer wieder versuchen, ihrem Baby jene Schlüsselworte „Mama“ und „Papa“ zu entlocken. Zwei Worte, die drei Menschen miteinander verbinden, die eine besondere intime Gemeinschaft definieren. Doch wie schnell wird dieser besondere Augenblick zur Routine, verliert er seinen Reiz?! Spätestens, wenn ein Kind mit zwei oder drei Jahren bohrende und immer wiederkehrende Fragen stellt, die es doch aus seiner Sicht einfach stellen muss, leidet die einst so faszinierende Kommunikation unter einer erheblichen Störung. Erinnern sie sich noch, wann sie ihrem Kind zum ersten Mal die ungeheure Frage gestellt haben, ob es bitte still sein könnte? Für uns Erwachsene eine scheinbar ganz normale Reaktion, doch für das Kind buchstäblich ein Verbot am Erforschen des Lebens, an der Wahrnehmung der Gemeinschaft teilnehmen zu dürfen. Und es folgen weitere kontraproduktive Aktionen nicht nur durch die Eltern, sondern noch extremer durch die Erzieherinnen im Kindergarten und die Lehrer in der Schule. Eigentlich lebt jede Gemeinschaft vom wechselseitigen Gedankenaustausch, doch darf dieser spätestens in der Schule nur noch geplant stattfinden. Der Lehrer plant „sein“ Unterrichtsgespräch und erwartet nur spezielle Antworten. Alles andere wird als Störung abgetan. Kreativität ist unerwünscht, wenn sie nicht dem Erwartungsschema entspricht. Wertvolle Kommunikationsformen wie Gruppentische und Gesprächskreise werden als Störungsmomente empfunden, weil sie mit einer unkontrollierbaren, weil spontanen Kommunikation verbunden sind. Die Rolle des  Gesprächspartners im Elternhaus übernehmen der PC und seine „Verwandten“, mit denen sich keine Diskussionen ergeben, nur Zustimmung. Die seelische Vereinsamung unserer Jugendlichen hat extreme Auswüchse angenommen. Die Entfremdung von der Familie ist beängstigend. Als ich vor einiger Zeit einen Vater fragte, ob er wisse, ob sein Sohn glücklich sei, entgegnete er mir: „Wie soll ich das wissen, der redet doch nicht mit mir?!“ Er sah mich verwundert an, als ich ihn daraufhin fragte, ob er noch wisse, wo und wann sein Sohn zum ersten Mal „Papa“ gesagt habe?! Wenn wir aufhören zu kommunizieren, verlieren wir die Seelen unserer Kinder!

Bis zum nächsten Mal und „Wie wir miteinander reden (sollten)“

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