Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te escribí, en la Novena Copa de Europa y tu increíble gol. Todavía, cada que veo el vídeo, no puedo dejar de preguntarme qué se sentirá anotar un gol de ese calibre y no dejo de asombrarme ante la Belleza y la parábola perfecta.

Ahora, dieseis años después, me es muy difícil explicarme la tristeza que me ha provocado tu segunda marcha. Fue lo primero que leí muy temprano en la mañana y, te lo juro, pensé que era una broma de mal gusto. Acaba de la ganar la tercera Copa de Europa, qué se va a ir, pensé. Pero conforme abrí más diarios, esa noticia macabra se iba expandiendo como una piedra en el agua quieta. Sentí unas ganas terribles de volver a la cama, ocultar la cabeza debajo de la colcha y llorar.

Recién el sábado, antes de la final, mi hija me preguntó qué amaba más, si al Real Madrid o a los Beatles, célebres habitantes de la ciudad contra la que se ha jugado la ultima final. Ya sabes, ese tipo de preguntas que los niños suelen hacer y que, pasado un tiempo, se tornan muy serias. Al ver el vídeo de tu renuncia la pregunta volvió a mi. Y aquí sigue, rondando mi cabeza, no queriéndose alejar, como esos buitres que rondan los cadáveres.

Tengo que reconocerte que el Real Madrid ha sido mi primer amor, aún antes de cualquier cosa ya estaban Buitre y Hugo en mi memoria. Pero muchas veces, en las horas más oscuras, recurro a los Beatles para alejar ese sentimiento de impotencia.  Tu marcha es uno de esos momentos, derivado de preguntarme el por qué te vas, qué ha pasado.

Hay algo en común entre los Beatles y lo que ha sucedido contigo esta mañana: al igual que tu distanciamiento con el club, entristece que la amistad de John y Paul se volviera tan amarga. Saco de ello una de las lecciones: el amor puede no durar. ¿Por qué cedemos a la mezquindad? ¿Por qué tan a menudo vemos los regalos como amenazas? ¿Diferencias como deficiencias? Por supuesto, nadie en su sano juicio quiere sea verdad. Queremos que te quedes cuarenta, cincuenta años en el club, de la misma forma en que quisimos que Lennon y McCartney volviesen a escribir juntos o que tu volea se repitiese cada que juguemos una final, pero … ¿ese es realmente el punto? Si una rosa fuese a durar para siempre, estaría hecha de piedra. Tus tres Copas de Europa seguidas son lo que son, porque son únicas. Entonces, ¿cómo manejamos la idea de la fugacidad en el fútbol con la gracia y la madurez que le exigimos a la vida, a lo que llamas el día a día? ¿Cómo aceptar que es lo fugitivo, el instante, lo que permanece?¿Es difícil no anhelar alguna esperanza de que te quedes? Imagino que no.

En las horas posteriores a tu partida, sonó en la radio Two of Us (la última canción que escribieron John y Paul uno al lado del otro), sonará irónico, lo sé, pero aquí en la Ciudad donde vivo hay un programa llamado La hora de los Beatles. Evidentemente, en la letra está la respuesta: tanto el Real Madrid como tu tienen recuerdos y, a continuación, el camino que se extiende por delante. La vida es una carretera que acaba más allá del horizonte y tanto tu como el club seguirán y, en algún momento, volverán a ganar. Ya sabemos, la vida es algo que sucede cuando estas ocupado haciendo otras cosas. Pero aún así, entendiendo eso, tengo que decirte que la dinámica de la ruptura, como cualquier divorcio por ejemplo, es algo misterioso.

Dice Florentino -quizá el máximo responsable de tu partida-, que te vas, pero volverás. Que el Real Madrid siempre será tu casa. Es tan evidente que si el club te necesita, volverías. Son recién horas desde que se anunció tu marcha y ya añoro el momento en que se anuncie tu vuelta.

Es increíble eso.

Tal vez la lección de tu partida y toda esta perorata sobre los Beatles es: las cosas pueden no durar, pero aquello que creas sí. Es simple y sencillo: en tu vida, el fútbol puede no durarte, pero nunca olvidaremos el gol de Glasgow ni las tres Copas de Europa seguidas. Es el legado, dicen. Es la alegría, digo. Al final, querido Zizu, el amor que recibas en estos días será igual a la alegría que nos diste a los hinchas, tenlo por seguro. Dejame despedirme con unas palabras que habrás escuchado una y otra vez. Viva la madre que te parió. Viva la madre que te parió, Zidane.

David Marklimo, autor de Limpio no te vas y Petén en Waterloo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.