Por: Kimberly Armengol Jensen

Kim Armengol

¿Cómo saber que es una relación toxica?, ¿cómo saber si estamos inmersos en una?, ¿cuántas personas están atrapadas en una relación que les produce sufrimiento? Y, sobre todo,  ¿cómo salir de ella?

Somos millones los que hemos estado “atrapados” en un callejón sin salida con una pareja que no nos produce paz, tranquilidad ni plenitud. A veces desconocemos cómo se siente tener “un compañero de vida” que no nos genere sensaciones cercanas a la enfermedad.

Las relaciones sentimentales encaminadas a la toxicidad básicamente nos producen infelicidad, quitan la paz, producen malestar físico y emocional, inseguridad, nos alteran, controlan o destruyen. Se padecen esos insomnios que confundimos miles de veces con algo poético o romántico.

Las cifras no mienten: entre los 15 y 19 años, el 32 por ciento de los jóvenes en el noviazgo sufre violencia emocional, mientras que de los 20 a los 24, el porcentaje crece a 41 por ciento.

En este tipo de relaciones hay una persona dominante y otra sumisa, hay problemas de comunicación, manipulación, mentiras, chantajes, codependencia e idealizaciones. Los problemas —por mínimos que sean— se convierten en tsunamis sin solución que solo representan la punta del iceberg de algo mucho peor.

Este tipo de vínculos tóxicos están basados a menudo en valores ‘románticos’ distorsionados y produce una gran insatisfacción personal, ya que la relación suele apoyarse en la intimidación, el sentimiento de culpa, los temores o las expectativas desmedidas, lo cual genera únicamente conflictos, problemas, estrés, dolor, desgaste y aburrimiento dentro de la pareja.

Muchas películas y novelas contribuyen a esta visión distorsionada de la realidad, donde contemplamos como romántico los celos, las peleas y hasta el acoso, donde la reconciliación después de una pelea humillante es poética, romántica y altamente sexual.

A pesar del sufrimiento que provocan estas relaciones, paradójicamente son de las que más cuesta trabajo salir y que más enganchados nos dejan, lo patológico genera adicción. También resulta indispensable una profunda introspección para analizar si no eres tú el elemento tóxico, las culpas ajenas son muy sencillas de detectar, pero ¿nosotros somos sanos o provocamos dolor?

Hay huidas que lejos de ser un escape son actos heróicos de subsistencia y de amor propio. Tendríamos que tener muy claro cuál es el momento preciso de dejar de luchar por algo que no existe y que solo genera dolor y comenzar la batalla por uno mismo. Infortunadamente, no sabemos la fórmula ni el momento ni la forma. La teoría es fantástica y la práctica es en extremo compleja.

Continuemos nuestra conversación por redes, los espero en@kimarmengol…

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