Por: Hans Joachim Hepke

Una silla cae al piso. Suena una carcajada fuerte acompañada de comentarios graciosos. Tobías está debajo de la mesa y permanecerá allí por un tiempo y desde allí, con mucha más atención de la esperada, sigue las lecciones. A 27 niños no les molesta esta situación, sólo la vida escolar cotidiana. Siempre es el mismo proceso: primero Tobías se balancea en una de las cuatro patas de la silla, a veces con algunas interrupciones en las clases, luego se cae de la silla, hace comentarios divertidos en voz alta sobre su adversidad y participa desde la “clandestinidad”. Tobías fue hace más de treinta años estudiante en una de mis clases de la escuela primaria (3°/4°) durante dos años.

Claro, un caso clásico de TDAH. Si hoy fuera mi alumno tendría que: ir al médico, sería diagnosticado con TDAH, y le recetarían Ritalin. ¡Pero para mí en aquel tiempo y ahora, él era simplemente diferente a los otros niños; sólo necesitaba un impulso diferente, y claro que sí, ayuda. Mi estrategia en aquel tiempo fue junto con los padres, reconstruir el curso del embarazo y el parto. Juntos, analizamos su rutina diaria y la situación en la familia. Cómo consecuencia, pensamos que lo mejor para Tobías era ir todos los días después de la escuela a casa de una compañera de clase a comer, a hacer su tarea, y jugar.

Otros días trabajaba yo con él individualmente. Su vida recibió una estructura que lo ayudó a sobrellevar su inquietud interna constante. Después de la escuela primaria Tobías asistió a un internado donde fue atendido adecuadamente. Los instrumentos musicales y los deportes fueron parte integral de su rutina diaria. Tobías se graduó de la secundaria y tuvo una formación profesional, no era muy inteligente pero sí feliz. Hoy es gerente del departamento en una gran compañía, es un cariñoso padre de familia y un triatleta muy exitoso. Ha aprendido a manejar su inquietud interna indefinible, con la que nació, pero sigue siendo parte de su personalidad.

Ha encontrado una estructura interna que él alivia con su carga deportiva extrema auto-elegida. Tobías nunca tomó Ritalin u algún otro medicamento. Se le permitió ser y seguir siendo quien era, siempre feliz y a menudo exaltado e impulsivo. Son sus rasgos de carácter valiosos con los cuales él puede entusiasmar y motivar a otros. Una vez que se enfermo por un día, lo he eché de menos en clase, su individualidad fue buena para la clase. Los niños no pueden ser etiquetados con el sello del TDAH. Especialmente para estos jóvenes hay: “¡Tómame como soy, porque si estuviera limpio, todos me amarían!” (F. Dostoievski)

Hasta la próxima semana con “Cuando los profesores diagnostican TDAH”

ADHS, Ritalin und kein Ende

Ein Stuhl kracht auf den Boden. Lautes Gelächter ertönt, witzige Kommentare folgen! Tobias liegt unter dem Tisch und wird dort auch eine Weile bleiben und von dort aus den Unterricht, weit aufmerksamer als gedacht, verfolgen. 27 Kinder stören sich nicht (mehr) an dieser Situation, einfach Schulalltag! Es ist immer der gleiche Ablauf: Zuerst balanciert Tobias auf einem der vier Stuhlbeine, manchmal mit einigen Zwischenrufen in den Unterricht, dann fällt er vom Stuhl, kommentiert laut mit spaßigen Kommentaren sein Missgeschick und beteiligt sich eben aus dem „Untergrund“ am Unterricht. Tobias war vor mehr als dreißig Jahren zwei Jahre lang Schüler in einer meiner Grundschulklassen (3./4.)! Klar doch, ein klassischer ADHS-Fall! Heute! Konsequenz: Arztbesuch, Diagnose ADHS, Ritalin! Doch für mich damals und auch heute noch immer nicht! Er war einfach nur anders als die anderen Kinder, er brauchte einfach nur eine andere Ansprache und natürlich Hilfe. Meine Konsequenz damals: Gemeinsam mit seinen Eltern rekonstruierten wir Schwangerschaftsverlauf und Geburt. Gemeinsam analysierten wir seinen Tagesablauf und die Situation in der Familie. Die Konsequenz: Tobias ging täglich nach der Schule zu einer Klassenkameradin zum Mittagessen, zur Erledigung seiner Hausaufgaben, zur Freizeitgestaltung. An manchen Tagen arbeitete ich zudem individuell mit ihm. Wenn er dann am Abend nach Hause kam, hatte der Vater Zeit für ihn und seine Geschwister. Die Mutter versorgte ihr Restaurant, das Familienleben fand nun außerhalb des Restaurants statt. Sein Leben bekam eine Struktur, die ihm half, mit seiner permanenten inneren Unruhe klarzukommen. Nach der Grundschule besuchte Tobias ein Internat, in dem er entsprechend betreut wurde. Musikinstrumente und Sport waren fester Bestandteil seines Tagesablaufes. Tobias machte die Mittlere Reife und eine Berufsausbildung, letztlich nicht seiner Intelligenz entsprechend, aber er war und ist glücklich. Heute ist er Abteilungsleiter in einem großen Betrieb, ist ein liebevoller Familienvater und ein ausgesprochen erfolgreicher Triathlet. Er hat gelernt, mit seiner undefinierbaren inneren Unruhe, für die er nicht verantwortlich ist und war, die jedoch ein Teil seiner Persönlichkeit bleibt, umzugehen. Er hat eine innere Struktur gefunden, die er mit seiner selbst gewählten sportlichen Extrembelastung entlastet. Tobias hat niemals Ritalin oder andere Medikamente bekommen. Er durfte sein und bleiben, der er war, immer fröhlich und oft überschwänglich und impulsiv. Es sind seine wertvollen Charaktereigenschaften, mit denen er andere Menschen mitreißen und begeistern kann. Wenn er mal einen Tag krank war, hab ich ihn in der Klasse vermisst, seine Individualität hat der Klasse einfach gut getan. Kinder dürfen nicht mit dem Stempel „ADHS“ abgeschoben werden. Gerade für diese jungen Menschen gilt: „Nimm mich so wie ich bin, denn wenn ich rein gewaschen wäre, liebten mich ja alle.“ (F. Dostoyewski)

Bis zum nächsten Mal und „Wenn Lehrer ADHS diagnostizieren“

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