Han pasado ya 20 años desde que muriera, pero la voz y la figura de Frank Sinatra permanecen como una piedra fundamental de la música y la cultura popular del siglo XX.

Fue el cantante más legendario del siglo XX, el marido de Ava Gardner, el único que podía cantar y fumar a la vez, el amigo de la mafia, el que usaba trajes de alpaca y sombreros Fedora.

Icono y estrella legendaria del swing y del jazz, capaz de resistir el impulso del primer rock y hasta de convertirse en un meritorio actor dramático, Sinatra encarna la imagen del sueño americano, del talento y la ambición desmesurados, pero también del personaje con misterios y sombras aún por descubrir.

Nacido el 12 de diciembre de 1915 en Hoboken (New Jersey), su infancia estuvo marcada por sus orígenes italianos, la rigidez de su madre y la pobreza propia de su zona y de la depresión económica. Quedó fascinado por las canciones de la radio de Bing Crosby, modelo de referencia para un Sinatra que se beneficiaría de los cada vez mejores micrófonos para fundar un estilo mil veces copiado: los vocalistas ya no tendrían que gritar para sobreponerse a las orquestas, sino que podrían cantar relajados, gustándose, susurrando y hasta saboreando cada nota.

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