Originaria de Estocolmo, Suecia, Erika Lust lleva años residiendo en Barcelona, donde ha desarrollado su trabajo como directora de cine para adultos. Lust encontró en la urbe catalana un sitio único para explorar sus expresiones creativas.

“Fue aquí donde conocí a quienes apoyaron mi visión y mi trabajo y me dieron ánimos y fuerzas para dedicarme a esto. Siempre me había gustado el cine pero fue en Barcelona donde comencé a trabajar en esta industria”.

Su arte gira en pro de una revolución sexual, cuyos fotogramas estructuran un discurso diferente al del cine porno consuetudinario. Su narrativa es más artística, trabajada y comprometida con las ideas de apertura que se enfrentan al tabú social. Es un cine consciente que no se centra en el mero entretenimiento.

La carrera de Lust contempla largometrajes como Barcelona sex project (2008), Life love lust (2010) o Cabaret Desire (2012), cinta que fue ganadora en Canadá del Feminist Porn Award como mejor película del año. También resalta la serie de cortometrajes XConfessions. A pesar de su género cinematográfico, su trabajo ha conseguido proyectarse en festivales de renombre como el Chicago International Film Festival o el Raindance Film Festival de Londres.

En 2018, su trayectoria la llevo a ser galardonada con el Premio Maguey en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), donde impartió una conferencia sobre el porno como herramienta de resistencia junto a Jake Jaxon, CEO de CockyBoys, web dedicada al cine gay. En el simposio, Lust recalcó su interés por mostrar que la humanidad puede ser expuesta en diferentes formas y describió que “grabar sexo es como grabar un diálogo”.

ARTE FEMINISTA

Para Lust, el arte es un abanico de manifestaciones. Según explica, en artes como la danza, la actuación o el performance, es el propio cuerpo humano quien aparece como un lienzo en el cual se plasman expresiones creativas.

“El cine para adultos no podría ser posible sin las y los trabajadores sexuales, que eligen actuar, no sólo con su cuerpo, sino con su sexualidad, compartiendo frente a cámaras su intimidad con los espectadores en un acto de generosidad y creatividad erótica”.

En sus palabras, la representación artística del cuerpo no es inmune a la censura. Su reparo va especialmente hacia las instituciones políticas y religiosas que imponen restricciones en todos los cuerpos, especialmente en el de la mujer. Cree que dichas censuras fungen como un arma de control que el sistema patriarcal ejerce sobre los cuerpos femeninos para mantenerlos carentes de poder sobre sí mismos.

Esta visión es precisamente lo que su cine combate: inicia una búsqueda de la libertad sexual de la mujer en miras de generarle un sentido de autoestima, seguridad y de control para tomar decisiones.

“Yo no ‘expongo’ el cuerpo femenino en mis películas; lo que hago es poner al personaje femenino en el rol protagónico y destacar la importancia del placer en la mujer”.

CRÍTICA AL MAINSTREAM

Lust está consciente de que la pornografía se ha convertido en la nueva educadora sexual entre niños y adolescentes en el mundo. Por ende, la población joven encuentra problemas para digerir la diferencia entre la realidad y la ficción que expone el entretenimiento para adultos en internet. Lo que la cineasta propone es separar el tabú que rodea a la pornografía.

Otro punto que preocupa a Lust es el hecho que la mayoría de los directores de la pornografía mainstream carecen de inteligencia sexual y son propensos a rodar estereotipos chauvinistas, racistas y homófobos. Declara que en estas cintas, la mujer siempre es captada al servicio del placer masculino, desde una mirada sexista muy limitada. Estos factores dejan ver una poca o nula educación cinematográfica en este tipo de realizaciones.

“No se preocupan por la fotografía, la corrección de color, los encuadres o la profundidad de campo, cuestiones básicas relacionadas con el arte de hacer cine, para ellos son detalles completamente omisibles. Por eso todas esas escenas se ven igual: una cama, iluminación cenital, y lo dan por resuelto. Horrible”.

La situación actual ha motivado a Erika Lust para impulsar una red global de productoras independientes dedicadas a la pornografía. Por ende, desde octubre de 2016 ha producido más de 20 cortometrajes dirigidos, en su mayoría, por mujeres, que en sus palabras aportan otro tipo de enfoque y erotismo alejado de lo que comúnmente se puede observar en la industria mainstream.

Su carácter transgresor la ha colocado como una de las principales referentes de este movimiento en el campo audiovisual. Lust se une al amplio grupo de mujeres que han peleado por una visión feminista en la península Ibérica, emulando lo que la activista Clara Campoamor dijo en 1931, durante su lucha por establecer el voto femenino en España: Yo sólo he puesto la semilla, otras mujeres vendrán.

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