Por: Allie Ann

Muchos creen que al echarse unos cuantos cigarrillos rodeados de gente en la puerta del bar están haciendo algo distinto de fumar. Que no es tabaquismo y desde luego no es adicción, sino más bien un acto social relajado, eventual e inofensivo. Se equivocan.

El enfoque ‘menos consumo – más salud’ funciona en otros aspectos de la vida, pero en lo referente al tabaco la ecuación no tiene el resultado que esperamos. Un estudio liderado por la investigadora Bernadette Melnyk, de la Universidad de Ohio, ha encontrado que aquellos que disfrutan del cigarro ocasional en reuniones sociales arriesgan su salud de la misma manera que lo hacen quienes se fuman un paquete diario.

“El nuestro es el primer estudio destinado a comparar la presión arterial y los niveles de control de quienes se autodefinen fumadores frente los que se llaman fumadores sociales. A partir de una muestra de casi 40.000 personas y tras realizar diversos exámenes cardiovasculares, separando las diferencias demográficas y físicas, encontramos que no había prácticamente diferencia en el riesgo de experimentar hipertensión o colesterol alto entre unos fumadores y otros, condiciones que con frecuencia conducen a enfermedades del corazón”, escribe Melnyk en The Conservation.

Y añade: “Creo que este es uno de los hallazgos más importantes en la salud relacionada con el tabaco en años, y nos devuelve un tema, como es el de los cigarrillos electrónicos y el humo respirado por los fumadores pasivos, que debemos tratar con urgencia. Por ahora sabemos que el hecho de abrir una cajetilla, ya sea para uso esporádico o diario, trae casi siempre las mismas consecuencias”.

Además de la relevancia del hallazgo expuesto, la investigadora lo considera importante porque puede ayudar a mejorar la comunicación entre personal sanitario y pacientes. En los exámenes rutinarios el médico siempre pregunta al paciente si es fumador, arriesgándose a que el fumador social no se incluya a sí mismo en ese grupo.

“Teniendo en cuenta estos hallazgos, tiene más sentido que los médicos replanteen sus preguntas en los chequeos médicos. Por ejemplo, “¿alguna vez fumas en situaciones sociales con amigos o compañeros de trabajo? Los altos niveles de colesterol malo y la presión arterial alta son factores de riesgo de ataque cardíaco; sabiendo que estos riesgos son iguales en fumadores ocasionales y habituales, los médicos deberían ser más precisos en la recopilación de esta información”.

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