Por: Reyna Luna Newcombe

McAllen, Texas.- Sólo tenía 21 años cuando Erick Dávila drogado jaló el gatillo del fusil de asalto. El objetivo era un rival de su pandilla pero se equivocó y mató a una niña de cinco años y a su abuela de 48 hiriendo además a otras cuatro personas en una fiesta de cumpleaños en Dallas.

Diez años después Dávila fue ejecutado el miércoles 25 de abril con una inyección letal en Huntsville, un frío edificio color ladrillo en donde esperan el fin de sus días los más temidos criminales de Texas.

Erick Dávila se convirtió en el quinto ejecutado en Texas en lo que va de este año 2018 a pesar de que sus abogados apelaron de última hora ante la Suprema Corte alegando que, cuando irrumpió en esa fiesta de cumpleaños, Dávila estaba tan drogado que no estaba consciente de sus actos.

Pero la Corte Suprema no le perdonó la vida pagó con la suya los crímenes que cometió.

Para muchos, como Ofelia de los Santos, Directora de la Oficina del Ministerio de Prisiones de la Diócesis Católica de Brownsville, Texas, “una ejecución impide que una persona se de cuenta de su error y pida perdón por haberlo cometido”.

Muchos buscan abolir la pena de muerte en Texas, entre ellos la Iglesia Católica. Benito Sáenz, un Diácono muy cercano a los prisioneros dice que “la justicia terrenal no tiene derecho a quitar vidas y que el único quien puede hacerlo es Dios”.

De los Santos aborda otro aspecto de la pena de muerte, el económico.

Explica que mantener a uno de estos prisioneros significa para el estado —para quienes pagan impuestos— un costo de por lo menos 2.5 millones de dólares, mientras que el costo se reduce a menos de la mitad si esa pena de muerte se convierte en cadena perpetua.

74 Condenado a muerte cuesta 0374 Condenado a muerte cuesta 0274 Condenado a muerte cuesta 01

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.