Por: Raquel Bialik*

Se define la asertividad como aquella habilidad personal que nos permite expresar sentimientos, opiniones y pensamientos, en el momento oportuno, de la forma adecuada y sin negar ni desconsiderar los derechos de los demás. En la práctica, esto supone el desarrollo de la capacidad para expresar sentimientos y deseos positivos y negativos de una forma eficaz, respetando los de los demás pero defendiendo —sin agresión o pasividad— conductas poco apropiadas o razonables de los otros. Se debe tener claro el hecho que tanto el estilo agresivo, como el pasivo, por lo general, no son útiles para conseguir los objetivos deseados.

Entre los beneficios de ser asertivo se incluyen el adquirir un mayor auto-respeto, confianza y seguridad en uno mismo, lo cual afirma nuestros derechos personales ante los demás y ante nosotros mismos, que puede mejorar nuestra posición personal, social y profesional. Los comportamientos asertivos que expresan nuestras opiniones se hacen llegar a los demás, ayudando a mantener un alto concepto de uno mismo.

            No hay asertividad sin confianza y autoestima. Confianza en nuestras creencias, habilidades y metas; sabernos capaces de hacer lo que nos proponemos. Ésta se adquiere desde la infancia y se va reforzando a lo largo del tiempo, cumpliendo los retos que nos imponemos y que vamos resolviendo y mejorando. Aprender y aceptar los fracasos, reponerse de las pérdidas y volver a enfrentar las realidades con una mentalidad asertiva con la convicción de que la mejor solución se basa en el respeto mutuo.

            Entre los factores que afectan una pobre asertividad están: la falta de carácter, el no tener metas ni objetivos claros y realistas, sin creencias sólidas; la desconfianza en nuestras habilidades, el depender siempre de otros, no tener la fortaleza para expresar nuestros derechos, el no aceptar que nos podemos equivocar, poca astucia para afrontar los retos, el querer siempre agradar y ser aceptados ajustando nuestro carácter al de los demás.

            ¿Qué si hay derechos asertivos? ¡Claro que los hay! Como el derecho a tener tus propios valores, creencias y opiniones y a expresarlas; a establecer objetivos personales y a tomar decisiones propias; a experimentar las propias emociones y sentimientos y hacerse responsable de ellos. Derecho a cambiar de opinión, idea o línea de acción; a pedir información y ser informado. Derecho a protestar cuando se es tratado de manera injusta; a cambiar lo que no nos es satisfactorio. Y, tantos más, que se resumen en el DERECHO A TENER DERECHOS y a ejercer nuestra asertividad.

*Raquel Bialik, Antropóloga Social, estudió en la Universidad de California (Berkeley) egresada de la ENAH, El Colegio de México, Directora de Agorabi, Lugar de Encuentro (Tepoztlán, Morelos). Consultora de instituciones públicas y privadas, autora de capítulos y libros nacionales e internacionales especializada en Antropología Médica, Tercera Edad y Asistencia Social. Colaboradora de la Revista Ser Mayor.

e-mail:  agorabi16@gmail.com

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