DESPROTECCIÓN.- Por oportunismo político-electoral los partidos representados en la Cámara de Diputados aprobaron la derogación del fuero constitucional (privilegio conferido a los representantes del Congreso de la Unión y a determinados servidores públicos, para mantener el equilibrio entre los poderes del Estado y salvaguardarlos de eventuales acusaciones sin fundamento), el cual debe recorrer aún un largo camino para que tenga efecto. 

Primero franquear las barreras que se lleguen a interponer en la Cámara de Senadores, donde dictámenes anteriores aprobados por los diputados fueron frenados y están en la congeladora legislativa, y luego ser  discutida y votada a favor por cuando menos 17 congresos estatales. Aunque la propuesta de eliminar el fuero, del que se abusó al más no poder, surge en medio del proceso electoral ante la necesidad de los partidos y sus candidatos de hacer creer a la población que van en serio en el combate a la corrupción y la erradicación de la impunidad, si constituye un avance en ese sentido.

De concretarse, cualquier gobernante, legislador, servidor público, ministro y magistrado de la Suprema Corte de Justicia y del Tribunal Electoral federal, presidente y consejeros del Instituto Nacional Electoral, los consejeros de la Judicatura Federal, y el Fiscal General de la República, pensarán dos veces antes de cometer un delito o acto de corrupción. Por ejemplo, en los casos del Presidente de la República, gobernadores y munícipes, enriquecerse con recursos del erario nacional o provenientes de actividades ilícitas como el lavado de dinero, al no contar con el escudo en que se convirtió el fuero, estarán a disposición de la autoridad para ser detenidos, juzgados y procesados. Sin embargo, hará falta una Fiscalía General de la República autónoma y con presupuesto suficiente para que investigue, procese y sancione.

Ricardo Anaya advirtió, además, de la posibilidad de que el PRI congele en el Senado la iniciativa, como ocurrió hace cinco años con la que presentó el PAN y que aprobó la Cámara de Diputados. Sobre la no protección del fuero, la Ciudad de México es un caso particular, ya que a partir de la entrada en vigor de su Constitución Política, los servidores públicos que cometan un delito o una falta administrativa, podrán ser juzgados como cualquier ciudadano, tal y como lo establece el artículo 72. En suma, sin fuero constitucional ningún servidor público estará al margen de la ley ni podrá protegerse de las prácticas de corrupción o de conductas delictivas en que incurra, y si son  procesados y la sentencia es condenatoria, no se concederá la gracia del indulto. ¿Habrá castigo y cárcel? Eso es algo que está por verse.

INTRASCENDENTE.- Sin novedad transcurrió el primer debate de los presidenciables y hasta hay que admitir que resulto intrascendente, pues no hubo nada que motivara, sorprendiera o inquietara a la audiencia. Ella y ellos se limitaron a repetir lo que han dicho una y otra vez desde que hicieron públicas sus intenciones  de ser candidatos, durante las precampañas, la intercampaña y desde el 1 de abril en que inicio la campaña oficial. Abundaron los dimes y diretes, las acusaciones de deshonestidad, las ocurrencias y la repetición de frases dichas en los spots que tienen harta a la gente. Sin embargo, era preciso verlos juntos, observar su reacción ante las críticas, acusaciones y descalificaciones, notar que tan de sangre fría son, y valorar su habilidad para desembarazarse de situaciones difíciles.

¿DESDÉN? – En su calidad de candidato puntero con 38-45 dígitos en las preferencias electorales, Andrés Manuel López Obrador participó en el debate sin mayor interés que cumplir con el guión que llevaba preparado: decir a sus seguidores lo que querían escuchar y  dejar ser a sus contrincantes sin confrontarlos. Él sabía que iba a ser el centro de los ataques y aguantó vara, evitó la discusión y no respondió los cuestionamientos, y aunque se mostró campechano y hasta desdeñoso y despreocupado, en momentos su vulnerabilidad quedó al descubierto. El papel de candidato mesurado, tranquilo, tolerante y amoroso que interpreta en esta su tercera campaña presidencial le funcionó aunque no del todo bien. Pero aun así, su actuación en el debate, donde no debatió, le valio según encuestas posteriores, sino crecer, si mantener la ventaja.

PRONOSTICO.- Sólo un milagro podría cambiar el lugar que ocupan los tres principales contendientes por la Presidencia de la República, pero como los milagros no existen, tendría que suceder algo realmente insólito para que las tendencias se modifiquen. Independientemente de quién haya ganado y quien haya perdido en el debate, López Obrador está en primer lugar, Anaya se consolidó en el segundo sitio y Meade se mantiene igual de lejos en la tercera posición. No habría un amplio margen de equivocación si se vaticina desde ahora que la contienda avanzará con López Obrador y Anaya como finalistas de la contienda, y uno de ellos será presidente no porque sea el mejor, sino porque es lo que hay. Claro, no hay nada definido, faltan dos debates y más de 60 días para la elección, pero ¿podrá acontecer algo que altere el pronóstico?

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