De manipulaciones perversas…

Por: Kimberly Armengol Jensen

Vuelvo a aclarar que soy feminista, no feminazi y no femichista. De hecho, muchas veces he creído que tengo corazón de hombre (así como decía María Félix) y que carezco de las ilusiones cursis que caracterizan a miles de mujeres.

Me he creído distinta: poco dramática y muy analítica. Poco celosa y muy obsesiva. Tal vez sea soberbia, porque en retrospectiva me doy cuenta de todas las tempestades sentimentales que he padecido.

He sido tildada como casi todas las mujeres— de loca, dramática y que veo cosas que no existen. ¿En síntesis? Un insulto a mi inteligencia.

Hace unos pocos meses se puso muy de moda en redes sociales hablar del arte de Gaslighting y entendí que eso es lo que le pasaba a cientos de mujeres que decían básicamente lo mismo: “me dice que estoy loca y, a veces, creo que es cierto. Siento que imagino o exagero lo que está sucediendo”. ¡Tétrico!

El Gaslighting tiene su origen en la popular película de 1944 protagonizada por Ingrid Bergman. En ella, mientras el esposo busca un tesoro oculto quiere hacerle creer que ella está loca.

Esta técnica es sutil, no te das cuenta de lo que va sucediendo, no es un chantaje o manipulación descarada. Con detalles sistemáticos te van haciendo creer que estás loca, que nada de lo que ves, sientes o percibes tiene relación con la realidad y que eres una persona dramática e histérica.

Esta técnica es muy eficiente por varias causas. Uno, te lo dice la persona con la que más convives y en la que más confías. Dos, desacredita constantemente situaciones de la vida cotidiana, dice que lo que percibes no es de ese modo, que inventas cosas, que alteras la realidad. Tres, son micro agresiones disfrazadas de preocupación que ocurren de forma sistemática.

Las características del abusador son varias: es mentiroso, sus palabras no concuerdan con sus acciones, niegan lo que dice o hace ¡aun con pruebas fehacientes!, utiliza la confusión para debilitarte, le gusta jugar con la mente, le hace creer a terceras personas que estás loca y los ponen en tu contra.

Esta perversa manipulación resulta sumamente dañina porque ataca el sentido de realidad y autoestima hasta el grado de creer que lo que dices no es verdad. En estados avanzados la víctima prefiere callar sus opiniones frente a la certeza que lo que diga será desacreditado y ¡comienza a suponer que sus percepciones son exageraciones fuera de la realidad!. En pocas palabras, te traicionas a ti misma creyendo lo que el victimario afirma. Tu sentido de la realidad comienza a distorsionarse y terminas en una profunda depresión.

De todas las formas de abuso la más difícil de detectar es el abuso psicológico, sucede “de a poquitos” y va en incremento, destruye tu amor propio hasta el punto de sentirte débil y sin capacidad de encontrar la salida y te aísla.

Las personas que padecieron abuso emocional infantil son las más propensas a desarrollar este tipo de patrones en la edad adulta. Si sientes que eres víctima de esta forma de manipulación pide ayuda y podrás salir de esa espiral de miedo, ansiedad, confusión y duda permanente.

Sigamos con nuestra conversación por redes sociales…

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