A dos años de que Son of Saul, la maravillosa opera prima de László Nemes, venciera en la categoría de Mejor Película Extranjera en los Óscar a El abrazo de la serpiente; después de haber conseguido ganar en BAFTA y Cannes, la directora Ildikó Enyedi, quien dirigió algunas películas de culto en los 90, tiene la posibilidad de hacer historia en el cine húngaro si gana el Premio a Mejor Película Extranjera, categoría a la que está nominada este año por On Body and Soul (Teströl és lélekrölen como título original), una mágica historia sobre el amor, el miedo y la soledad.

Ildikó Enyedi, que había ganado en 1989 la Cámara Dorada por My 20th Century, así como en 1999 festejó en Locarno con Simon mágus, se alzó con el Oso Dorado por Mejor Película en Berlinale 2017, donde también consiguió el FIPRESCI. On Body and Soul es una historia original y poética que debe su nivel a una dirección impecable, una fotografía preciosa y las actuaciones conmovedoras de Alexandra Borbély y Géza Morcsányi.

El sueño como espacio paradisíaco

On Body and Soul nos sitúa inmediatamente en la silenciosa naturaleza del sueño, un espacio paradisíaco que se distingue de los demás lugares de la película por su banda sonora ambiental, cargada de campanas y cascabeles que van a tono con el sonido del viento, el agua y los árboles. El sueño es silencioso en tanto que no hay lenguaje articulado. Inmersos en él, dentro del cuerpo de los ciervos, ni Mária ni Endre necesitan hablar para entenderse. El entendimiento entre ambos es tácito, como el equilibrio natural en el que se desempeñan y que comienza a ganar importancia conforme avanza la película. Cuando ambos se enteran que comparten el sueño, la realidad de los ciervos y el bosque comienza a invadir al espacio de vigilia, ya sea mediante la irrupción del soundtrack ambiental en escenas ajenas al sueño o por el acontecimiento de ensoñaciones diurnas. Conforme se acercan más entre sí, la relación platónica tan perfecta de su sueño empieza a resultar insuficiente, por lo que ambos deciden iniciar una relación física que pondrá en conflicto el estrato ideal de la relación onírica.

Desandar la normalización

Tras un inicio calmo que nos situaba a mitad del sueño, Enyedi nos despierta a la realidad cotidiana de nuestros personajes, ciervos de noche y trabajadores de un matadero de ganado en el día. El contraste entre la actitud inmutable de todos y la violencia habitual del lugar trabajo, se conforma un espacio escalofriante y contradictorio. El sacrificio de animales es mostrado directamente, sin elipsis, aceleramiento de cámara o efectos suavizantes; su presencia refuerza la idea de que la exposición constante de la muerte puede producir hábitos o rutinas que insensibilicen a las personas.

A Mária y Endre se atraen porque están rotos, porque tienen “defectos”, distinciones que los hacen menos valiosos ante los demás. En el caso de Endre, su brazo tullido despierta una mirada distinta en los ojos de las personas; en el de Mária, el problema no es de orden físico, sino mental: es evidente que padece alguna clase de autismo, lo que se vuelve obvio por su comportamiento retraído con los demás, sus hábitos obsesivos y su excesivo nerviosismo, que despierta en los demás una reacción negativa. Ambos personajes comienzan a relacionarse porque descubren que comparten la marginalidad.

El valor para hablar de sí mismo

Lo que más trabajo cuesta a las personas es salirse de sí mismos, abrirse a los demás. En On Body and Soul, los personajes tratan de engañar al ojo ajena con máscaras. Un ejemplo de ello es el caso de Jenö, quien exhibe un comportamiento de bruto machista que incomoda a las mujeres, pero que en realidad hace todo lo que ordena su esposa, quien lo engaña con la mitad de sus compañeros de trabajo. Los personajes están constantemente tentando la idea de exhibirse como son, pero sus emociones están sometidas, como constreñidos lucen sus cuerpos que actúan acartonadamente y que se presentan siempre delimitados por marcos: rejas, ventanas, marcos de puertas. On Body and Soul no teme llegar a la crueldad o coquetear con la cursilería; su valor reside en la honestidad de su propuesta que responde con coherencia al demostrar su capacidad de situarse en la ternura y el dolor.

En la soledad nos haremos compañía

Mária y Endre se parecen especialmente en que ambos tienen una relación ambivalente con la soledad. Aunque están habituados a ella, ansían la compañía de alguien más; pese a vivir en un melancólico aislamiento, la distancia que ponen con los demás, protege sus sentimientos. On Body and Soul muestra lo difícil que es la soledad para el ser humano, pero especialmente en la cotidianidad de las mujeres. Mária tiene que soportar acoso constante debido a estar sola. El hecho de que no la acompañe un hombre, parece ser una invitación a la conquista: algunos saludan tímidamente, otros tratan de establecer contacto físico, incluso algunos son agresivos; pero todos ellos buscan invadir su intimidad.

Los amantes se reconocen del sueño. A pesar de su sexo complementario, nunca se reproducen. Su unión es de otro tipo. En el sueño Mária no debe ensayar las conversaciones, no debe temer que la otra persona diga algo que no esperaba escuchar. Conforme la pareja pasa más tiempo junta, ambos comienzan a ganar confianza, lo que se refleja de manera formidable en la actuación corporal de los actores y en la intensidad tonal de la fotografía. El cumplimiento del sueño descubrirá a nuestros personajes una realidad desconocida: el insomnio. Para nuestros adentros queda la posibilidad de elaborar la continuación: serán capaces Mária y Endre de encontrar otro sueño que compartir o tendrán que apartarse para poder vivir el mismo sueño.

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