Por: Hans Joachim Hepke

“¡La escuela siempre quiere ser la mejor, no le importa lo que los niños quieran!” Es la declaración actual de un niño de 9 años. Su madre se enfrentó de las deficiencias de su hijo el día anterior por dos maestros. Sin comentarios positivos, ¡sólo mensajes negativos!. ¡Debo explicar que el chico es un niño superdotado!. Su declaración la hace cuando lo confrontamos con las “quejas” de la escuela. ¡Frustración, pura decepción! Otro ejemplo: un niño se enferma el primer día de clases de meningitis. Después de algunos meses él regresa a la escuela. Lo dejan sentarse por un tiempo en la primera fila. Pero este privilegio dura sólo un corto tiempo. Se esfuerza por comprender todo rápidamente y busca información con sus compañeros. Nadie pregunta por qué lo hace. En cambio, le ordenan se pase a la última fila para no interrumpir la lección. Para el segundo curso será transferido a la escuela especial. Su prueba fue reprobatoria. En sexto grado la madre me pide consejo, porque el niño se vuelve cada vez más agresivo. Después de algunas sesiones, el niño me dice, que ve todo dos veces, pero que nadie le cree. Él realmente no puede ver lo que hay en el pizarrón. Va al oculista al siguiente día. El niño tiene un defecto visual especial desde su enfermedad. Su cociente intelectual está en el límite de la superdotación. Unas semanas más tarde se cambia a una escuela Montessori. Otro ejemplo, que demuestra como se toma el término de moda “inclusión” seriamente. Los padres de una niña pequeña, llamada “Downie”, logran después de muchos intentos tediosos y persistentes que su hija finalmente pueda asistir a la escuela “regular” privada. Pagan mucho dinero, son buenos clientes. Pero no se puede hablar de una escolaridad. Nadie se preocupa profesional y competentemente de la niña, sólo hay un interés monetario. Después de un año, los padres obtienen un nuevo lugar en una otra escuela. Todas las medidas de apoyo se llevan a cabo de forma privada “fuera” de ella. Esto también se llama “inclusión”. Todos los niños tienen el mismo derecho a la escuela y a la vida en una comunidad, en sociedad. No importa si las pequeñas personalidades están cargadas de cualquier defecto o talento, discapacidad mental o física, problemas de TDAH, superdotación, todos estos niños son diferentes, tienen diferente valor, y es nuestro deber promoverlos por igual o, en el caso de superdotación, apoyarlos y desafiarlos en sus nichos particulares. Depende de la particularidad, de la singularidad del individuo y no de la comparación con los demás. No necesitamos uniformidad, ¡necesitamos gente original y no copias!

Hasta la próxima!”

Die „anderen“ Kinder

„Die Schule will immer nur die beste sein, die interessiert nicht, was wir Kinder wollen!“ Es ist die aktuelle Aussage eines 9-jährigen Jungen! Seine Mama wurde in der Elternsprechstunde tags zuvor mal wieder mit den Unzulänglichkeiten ihres Kindes  von zwei Lehrern konfrontiert, oder besser gesagt überhäuft. Kein positiver Kommentar, nur Negativmeldungen! Dazu muss ich erklären, dass es sich bei dem Jungen um ein hochbegabtes Kind handelt! Seine Aussage ist sein Kommentar, als wir ihn im gemeinsamen Gespräch mit den „Klagen“ der Schule konfrontiert haben. Frustration, Enttäuschung pur! Ein anderes Beispiel! Ein Junge erkrankt in der 1.Klasse an Hirnhautentzündung. Nach einigen Monaten kehrt er in die Schule zurück. Liebenswerterweise darf er in der 1.Reihe sitzen. Doch dieser Bonus hält nur kurze Zeit. Er hat Mühe, alles schnell genug zu erfassen und sucht bei seinen Nachbarn Informationshilfe. Keiner hinterfragt, warum er das macht. Stattdessen wird er in die letzte Reihe beordert, um den Unterricht nicht mehr zu stören. Im Verlauf der 2.Klasse wird er an die Förderschule überwiesen. Sein Test war negativ. In der 6.Klasse (!) holt sich die Mutter Rat bei mir ein, weil er in der Förderschule den Unterricht stört und zunehmend aggressiver wird. Nach einigen Sitzungen erklärt mir der Junge, dass er alles doppelt sieht, doch keiner glaubt ihm. Er kann nicht richtig erkennen, was an der Tafel steht. Bei einem befreundeten Augenarzt kann ich schon am nächsten Tag einen Termin für den Jungen bekommen. Ergebnis: Der Junge hatte tatsächlich einen besonderen Sehfehler seit seiner Erkrankung in der 1.Klasse. Sein Intelligenzquotient liegt an der Grenze zur Hochbegabung. Wenige Wochen später wechselt er an eine Montessorischule. Und noch ein Beispiel, das aufzeigt, wie ernst der Modebegriff Inklusion genommen wird. ¡Ein kleines Mädchen, ein sogenannter Downie! Die Eltern erreichen mit vielen mühsamen und hartnäckigen Versuchen, dass ihr Kind endlich die Regelschule/eine Privatschule besuchen darf. Sie zahlen viel Geld, eine gute Kundschaft! Doch von Beschulung kann nicht die Rede sein. Niemand kümmert sich fachbezogen um das Mädchen, es gibt nur monetäres Interesse. Nach einem Jahr erstreiten sich die Eltern einen neuen Platz in einer anderen Schule, einen Platz zumindest. Alle Fördermaßnahmen finden privat „außerhalb“ der Schule statt! Auch so etwas nennt man dann Inklusion! Alle Kinder haben das gleiche Recht auf Schule und auf ein Leben in einer Gemeinschaft, in unserer Gesellschaft. Es spielt keine Rolle, ob die kleinen Persönlichkeiten durch irgendwelche Defekte oder durch ihre Hochbegabung belastet sind! Geistige oder körperliche Behinderung, sog. ADHS-Probleme, Hochbegabungen, all diese Kinder sind anders, anders wertvoll, und es ist unsere Pflicht, alle in gleicher Weise zu fördern oder im Fall von Hochbegabungen sie in ihren besonderen Nischen zu stützen und zu fordern. Es kommt auf die Besonderheit, auf die Einzigartigkeit des Einzelnen an und nicht auf den Vergleich mit anderen. Wir brauchen keine Uniformisierung, wir brauchen Originale und keine Kopien!

Bis zum nächsten Mal und „Ach, die Lehrer!“

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