Por: Hans-Joaquim Hepke

“¡Ámame como soy, porque si estuviera limpio, todos me amarían!” (F. Dostoyevski)

Esta afirmación debería colocarse en un letrero grande en cada salón de clase de tal manera que cada maestro pudiera mirarla una y otra vez. ¡Cada niño es un individuo valioso! Ningún niño es igual a otro. Los niños no pueden ser encasillados en patrones. El sólo intento conduce al desastre, porque se defenderán contra este “patrón”, en contra de una clasificación, con toda la razón.

Incluso si uniformamos a los niños en el exterior, ellos seguirán teniendo personalidades preciosas y únicas. El mayor delito que podemos cometer contra los niños es cuando tratamos de hacerlos coincidir con las nociones del mundo de los adultos. Literalmente debemos estar fascinados cuando miramos a los niños, como ellos son felices, porque han descubierto algo nuevo, tal vez incluso algo que hasta ahora se nos había escapado a nosotros los maestros.

Los niños no tienen que funcionar como la rueda predeterminada del maestro en la vida escolar cotidiana, por eso, nosotros los maestros debemos hacer todo lo posible para averiguar dónde están las fortalezas y los talentos de cada niño. Los niños no perturban las lecciones planificadas por el maestro de forma maliciosa o por desinterés.

Los trastornos de la enseñanza son el resultado de una planificación didáctica y metódica incorrecta por parte del profesor. Hay que permitir a cada niño elaborar sobre un tema, diversificar su idea, y dejar que tenga experiencias diferentes; en lugar de aplastar su creatividad y fantasía. Debemos guiarlos a tener dudas, pensar y preguntar y darles las respuestas que sean necesarias.

Un niño que se presenta en clase y no puede contribuir con sus conocimientos debe recurrir a otras cosas más interesantes y cosas “no didácticas”; ¡y así nace “el niño problema”! Si este niño se cae de su silla y se levanta de su asiento, eso es suficiente para que muchos maestros lo encasillen con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad) pseudo-enfermedad de moda. El niño queda etiquetado y debe ser presentado al psicólogo lo antes posible o idealmente a una institución especializada.

En cambio, si una secretaria se cae de la silla se le recomienda que la adapte a sus necesidades físicas; se le aconseja que realice sesiones dinámicas: cambios frecuentes de postura y levantarse constantemente. Se dice que una musculatura suelta y en movimiento promueve la circulación sanguínea que se ralentiza al sentarse. Pero si un estudiante reacciona de manera tan instintiva, ¡ya es sospechoso de TDAH! ¡En lugar de juzgar apresuradamente a los niños, los maestros deben comenzar a recoger a los niños donde están y tomarlos tal como son!

¡Nos vemos la próxima semana!

Nimm mich, wie ich bin

“Liebe mich so, wie ich bin, denn wenn ich rein gewaschen wäre, liebten mich ja alle.“ (F. Dostoyevski) Diese Aussage sollte überdimensional groß in jedem Klassenzimmer angebracht sein und zwar so, dass jeder Lehrer immer wieder darauf schauen müsste. Jedes Kind ist ein wertvolles Individuum! Kein Kind gleicht dem anderen. Kinder lassen sich nicht in Muster hineinzwängen. Der Versuch allein führt schon zum Desaster, denn sie werden sich mit Recht gegen diese „Musterung“, gegen eine Klassifizierung wehren. Auch wenn wir Kinder äußerlich uniformieren, werden sie dennoch wertvolle und ganz eigene kleine Persönlichkeiten sein und bleiben. Das größte Verbrechen, das wir dabei unseren Kindern antun können, ist, wenn wir versuchen, sie an die Vorstellungen der Erwachsenenwelt, wie ein guter Schüler zu sein hat, anzupassen sprich zu „uniformieren“. Es muss uns buchstäblich faszinieren, wenn wir die Kinder beobachten können, wie sie sich freuen, weil sie etwas Neues entdeckt haben, vielleicht sogar etwas, was uns Lehrern bislang entgangen war. Schüler haben nicht zu funktionieren, das von uns Lehrern vorbestimmte Rädchen im Schulalltag zu sein, sondern wir Lehrer müssen alle Anstrengungen dafür unternehmen, herauszufinden, wo die Stärken und besonderen Begabungen jedes einzelnen Kindes sind. Kinder stören den vom Lehrer geplanten Unterricht nicht böswillig und aus Desinteresse. Unterrichtsstörungen sind das Ergebnis einer didaktischen und methodischen Fehlplanung seitens des Lehrers. Statt mit offenen und stummen Impulsen zu arbeiten, die es jedem Kind ermöglichen, sich an ein Thema heranzuarbeiten, seine vielfältigen Ideen, und durchaus vorhandenen Erfahrungen einzubringen, erdrücken viele Lehrer durch (zu) eng geführte und unzählige Fragen, für die sie nur eine richtige Antwort erwarten, jegliche Kreativität und Fantasie der Kinder. Ein Kind, das sich vergeblich mehrmals im Unterricht meldet und sein Wissen nicht einbringen darf, muss sich letztendlich sogar anderen und interessanteren „unterrichtsfremden“ Dingen zuwenden. Und schon ist der „Störer“ geboren. Wenn dieses Kind jetzt auch noch vom Stuhl fällt oder von seinem Platz aufsteht, reicht das für viele Lehrer bereits, um von der Modepseudokrankheit ADHS zu sprechen. Das Kind wird abgestempelt und ist baldmöglichst dem Psychologen vorzuführen oder am besten gleich einer Sondereinrichtung zuzuweisen. Eine Sekretärin kann niemals vom Stuhl fallen! Ihr wird angeraten, ihren Stuhl ihren körperlichen Voraussetzungen anzupassen. Ihr wird dynamisches Sitzen empfohlen: häufige Wechsel der Sitzhaltung und zwischendurch aufstehen. Man sagt, eine bewegte, lockere Muskulatur fördert die Durchblutung, was beim Sitzen verlangsamt ist. Doch wenn ein Schüler genauso instinktiv reagiert, ist er bereits ADHS – verdächtig! Statt Kinder voreilig abzuurteilen, müssen die Lehrer endlich beginnen, die Kinder dort abzuholen, wo sie sind und sie nehmen, wie sie sind!

Bis zur nächsten Woche und den „anderen Kindern“!

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