Por: Allie Ann

Al igual que sucede con las personas solitarias, el cerebro de quienes padecen ansiedad funciona distinto al del resto. Las personas con trastorno de ansiedad generalizado etiquetan inconscientemente cosas inofensivas como amenazas, lo que puede empeorar la ansiedad.

Los psicólogos reconocen varias formas de ansiedad clínica. La más común es el trastorno generalizado de ansiedad, o TAG, en que el paciente se siente muy preocupado o ansioso incluso cuando parece que no tienen nada por que estar consternados. Algunos estudios han sugerido que los trastornos de ansiedad pueden surgir de un proceso llamado sobregeneralización.

En la sobregeneralización, el cerebro agrupa las cosas seguras y riesgosas juntas y las etiqueta como poco seguras. Por ésta razón, los investigadores también los han llamado el enfoque “mas vale prevenir que lamentar”. Nuestros cerebros prestan atención de forma natural a la información negativa o amenazadora del entorno. Si las personas ansiosas perciben más amenazas en el mundo que les rodea, tendría mucho más sentido que siempre estén preocupados.

Científicos descubrieron diferencias notables entre los cerebros con TAG y los no ansiosos. Las personas con ansiedad mostraron una mayor activación en varias partes del cerebro, incluyendo la amígdala – región asociada con el miedo y la preocupación.

En circunstancias peligrosas, la hipervigilancia asociada con la ansiedad podría ser algo bueno. El problema es que la mayoría de las circunstancias no son peligrosas.

Los rasgos de la ansiedad pueden ser completamente normales e incluso evolutivamente benéficos, sin embargo un evento emocional, incluso uno pequeño, puede inducir a cambios cerebrales que deriven de ansiedad a gran escala.

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