Vida y muerte, esperanza y violencia, pasado y futuro. Ante un mundo de interrogantes e incertidumbres, la agrupación mexicana Café Tacvba aseguraron en una entrevista con Efe, que con su último disco Jei Beibi trataron de alcanzar el punto medio entre contrastes y polos opuestos.

“Es como si estuviéramos buscando un equilibrio ante todo esto que vivimos, no ya como mexicanos sino como seres humanos, de todas las cosas que están pasando en el mundo”, explicó en una conversación telefónica el guitarrista Joselo Rangel. 

“Es sorprendente que estemos en este siglo y todavía existan cosas como el racismo o todas estas luchas de religiones. Es un mundo que está cabrón”, remató el músico, que comparte aventuras en el grupo con su hermano Quique Rangel, Rubén Albarrán y Emmanuel del Real.

Con casi 30 años de apasionante carrera para erigirse en una de las bandas más carismáticas y singulares de la música popular latinoamericana, Café Tacvba actuará el próximo domingo en el legendario Hollywood Bowl de Los Ángeles en un notable cartel hispano en el que también aparecen La Santa Cecilia y Mon Laferte.

La larga gira de los mexicanos por Estados Unidos, con paradas en ciudades como Dallas, Boston y Nueva York, se detendrá de nuevo en Los Ángeles el 15 de octubre para un concierto muy especial en el Walt Disney Concert Hall, en el que unirán fuerzas con la Filarmónica de Los Ángeles bajo la dirección del venezolano Gustavo Dudamel.

Cinco años después de El Objeto Antes Llamado Disco, un álbum envuelto en sonidos electrónicos y etéreos, Café Tacvba regresó en 2017 con Jei Beibi, un trabajo en el que la inspiración del grupo voló en muchísimas direcciones diferentes.

“Sobre todo lo sentimos muy fresco y a mí me sorprendió el resultado. Hay muchos ritmos con los que antes no habíamos experimentado. Las melodías y las letras, al mismo tiempo que son frescas, también tienen algo de profundidad”, aseguró Joselo Rangel al comentar que en Jei Beibi percibió “una especie de renovación o de nueva energía” dentro del conjunto. 

Tal y como sucedió en su obra maestra Re (1994), Jei Beibi se tira de cabeza al eclecticismo: del rock alternativo de Disolviéndonos al pop electrónico de Automático pasando por la reinterpretación de un bolero en Enamorada o la vocación experimental de Futuro.

Precisamente esta canción, que fue el primer sencillo de Jei Beibi, ejemplifica el juego de contradicciones que domina las letras del álbum: “La muerte dijo sí, yo digo que no, la vida dijo no, yo digo que sí. Al final qué importa, si muerto en vida sobreviví”

“Es un disco que tiene mucha reflexión sobre la vida y la muerte. Pero es muy extraño porque también hay luz en las canciones. Existe como una contradicción o un equilibrio, tal vez, entre algo luminoso y algo oscuro”, argumentó Rangel. 

Con información de EFE

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