Escrito: Gerd Müller

El representante de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México, Jan Jarab, recomendó apuntalar económicamente el mecanismo de protección a defensores de derechos humanos y periodistas.

Entrevistado en el marco del evento “Lo que no tenemos y necesitamos se llama inclusión. Retos de la agenda migratoria y de asilo en la Ciudad de México y otras”, expuso que el actual presupuesto del fideicomiso que existe para ese propósito se terminará en septiembre u octubre de este año.

Entonces, el funcionario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) consideró que es necesario la decisión política para otorgar recursos a fin de que pueda funcionar. Otro elemento clave, añadió, es el combate a la impunidad.

“Sabemos que los ataques a los periodistas y defensores de los derechos humanos tienen un índice de impunidad muy alto. Evidentemente se requiere investigación, persecución y sentencia para los perpetradores. Eso sería la mejor para que no se repita el delito”.

Así, dijo, se precisa de la resolución de fortalecer la protección integral por parte del Estado y de las entidades federativas.

En otro tema, Jan Jarab dijo que México se está convirtiendo en un país no sólo de origen y tránsito sino también de destino para los migrantes.

Al respecto, se refirió a la importancia de que las personas en una situación irregular sean protegidas de ser reportadas como tales en los servicios públicos como salud y educación, e incluso la policía.

Ello, porque al sentirse expuestos pueden caer en evadir todo contacto con ellos, lo que atenta contra sus derechos humanos a la salud, la educación, y a la seguridad.

“Si las personas migrantes en condición irregular no tienen la certeza de que no los van a reportar a los servicios de migración, entonces y no van a entrar en contacto con las autoridades, ni siquiera si son víctimas o testigos de un delito”.

Admitió que es muy difícil medir el número de migrantes que son captados por el crimen organizado. “Si sabemos que casas de migrantes tienen narrativas terribles de extorsión, malos tratos, secuestros por la delincuencia organizada. “Si tienen que esconderse aumenta el riesgo de que caer en las manos del crimen organizado”.

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